Terminé de leer la nueva novela de Dan Brown "El símbolo perdido" (Ediciones Planeta Mexicana, 2009), que trata sobre una venganza, que amenaza a un destacado masón del rito escocés. Como en casi todas las novelas de Brown, en ésta, la acción es vertiginosa, todo sucede en una noche y tiene que ver con el desciframiento de supuestos códigos masones y el esclarecimiento de misterios y saberes ocultos.
Pienso que esta nueva novela no supera al Código da Vinci, que por su novedad y el tema de la vida secreta de Jesús, impactó a un público ávido de que se le revelen misterios de forma fácil. Lejanos me parecen los tiempos en que los jóvenes lectores, ansiosos por comprender, dedicaban horas al estudio serio y sistemático. Por eso obras como la de Finkelstein y Silberman ( La Biblia desenterrada. Siglo XXI editores), Betz y Riesner ( Jesús, Qumrán y el Vaticano. Editorial Herder), Johann G. Fichte ( Filosofía de la masonería. Editorial Istmo) o la de Eduardo R. Callaey ( La masonería y sus orígenes cristianos. Editorial Kier) se leen poco, pues si bien develan importantes misterios históricos o conceptuales, exigen esfuerzo y dedicación para adentrarse en sus textos. Resulta siempre más fácil la relajada lectura de una novela que se confunde con el verdadero saber.
Pero si el Código da Vinci resultó una obra pasadera, ahora no sucede lo mismo. La forma de narrar ya no es una novedad, el tema se agota antes de tiempo y el lector termina por aburrirse en los últimos capítulos llenos de lugares comunes.
En el Código da Vinci Brown toca un tema que, aunque conocido por unos pocos, para la gran mayoría fue una revelación; en el caso de El símbolo perdido, el asunto es menos apasionante y también menos misterioso, después de todo es más fácil encontrarse a un masón que a una divinidad. Del tema recreado en el Código dan cuenta los viejos evangelios gnósticos con bastante detalle y es parte de la historia, en cambio, el que se presenta en el Símbolo perdido, tiene una realidad actuante que no permite ser fácilmente tergiversada o arbitrariamente novelada.
Brown se quedó corto al reducir el tema de la masonería a la tradición de los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica; aunque en general la acción principal de la novela recrea el clásico drama masónico de la muerte de Hiram Abif por proteger la palabra sagrada, no se ahonda en los misterios de la masonería. Los ritos de iniciación se presentan grotescos y fuera de la tradición litúrgica de la orden y por si fuera poco, se mantiene la idea de la masonería como una organización con miembros ricos y poderosos, capaces de gobernar al mundo.
El secuestro del millonario masón Peter Solomon, con grado 33 del rito escocés, inicia la acción de la novela, su amigo, el experto en simbología, Robert Langdon juega, como en otras novelas del autor, un papel central junto a una bella e inteligente chica que resulta hermana del secuestrado: Katherine Salomon. Todo sucede en Washington, capital de Estados Unidos y centro masónico por excelencia.
Altos agentes de la CIA se ven involucrados en la historia ya que tratan de proteger una información que de revelarse traería graves consecuencias para la seguridad de los Estados Unidos y es precisamente esa información la que puede revelar el siniestro personaje que secuestró al Venerable Maestro masón. El secuestrador (Mal' akh) es también un alto iniciado que entra a la orden para vengarse y robar el secreto del símbolo perdido, (o la palabra secreta), que da a quien lo posee poderes inimaginables, mismos que ahora, según la novela, la ciencia de la mente, puede ofrecer por otros medios.
En la historia, la hermana de Peter Solomon, Katherine, es una científica que ha creado la ciencia de la Noética, encargada de estudiar la mente y sus propiedades. La noética marcará una confluencia entre la ciencia experimental y la antigua sabiduría iniciática, que hará superflua a la masonería y todo tipo de saber esotérico, pues ahora la ciencia dura se encargará de lo que antes se dejaba a la religión y a la filosofía sagrada; como si la masonería no insistiera en que es precisamente la ciencia y el saber racional lo que libera al hombre y no los dogmas y la imaginería religiosa.
El malvado Mal' akh desea destruir ese saber, porque quiere que la humanidad siga en la ignorancia y ser él y nadie más que él, quien posea el saber secreto. Lo curioso en la novela, es que este demente, que quiere ser dueño del mundo, no aspira más que a convertirse en espíritu, lo que no encaja con sus deseos de dominar materialmente al planeta.
La novela tiene varias contradicciones que no se resuelven y el gran misterio del símbolo perdido, resulta ser al final una perogrullada. Se presenta a la masonería como un club de ingenuos místicos filántropos que viven en el romanticismo de una saber oculto. Queda lejos la realidad de una orden con hombres instruidos, disciplinados y prácticos, que ayudaron a construir al imperio más poderoso de la edad moderna.
Con seguridad masones y no masones se divertirán al leer la novela, aunque a los primeros no les gustará ver a su orden descrita con una simpleza que más que profana, raya en la ignorancia; aunque, después de todo, dependerá más de la edad que el lector tenga.
No esperen grandes cosas de esta novela del ahora millonario autor Dan Brown, si pueden, simplemente disfrútenla.
domingo, 1 de noviembre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
¿DE REVERSA?
Vaya lío el que armó el Sr. Nava del PAN con su declaración de que el proyecto de ley de ingresos de la federación fue una propuesta del PRI. Ahora los del tricolor están muy molestos porque ven en la actitud de Nava, lo que en general esconde el PAN y la presidencia de la república: tirar la piedra y esconder la mano, escudándose en el PRI.
Los senadores del PRI regresarán a la cámara de diputados el proyecto de ley, desconocemos ahora cuál será la propuesta que resulte de esta revisión del malogrado proyecto. Se rumora que la presidencia de la república cabildea con intensidad para salvar su futuro; pues de los recursos que la ley le permita recabar depende su capacidad de maniobrar desde el poder. Por lo pronto, hay quienes piensan que su ligereza le costará a Nava el puesto de dirigente del PAN.
En el PRD, se ve ahora la posibilidad de robar cámara, aprovechando el enojo del tricolor y están en eso, quieren elaborar una propuesta con el PRI, que no presione mucho a los contribuyentes y con esto mejorar su imagen en las próximas elecciones. Quienes la han pasado mal son los diputados del revolucionario institucional, porque votaron por disciplina y ahora tienen que desandar sus pasos y revisar en serio el proyecto de ley de ingresos. Algunos están molestos y de ahora en adelante, dicen, tendrán más cuidado al votar ¿Será?
Más allá de los chismes y berrinches, lo que todo esto pone al descubierto son dos cosas: que nuestros diputados, lejos de escuchar el consejo de que se deben a sus electores, siguen sometidos a sus cúpulas partidistas y que el diseño de las estrategias, en este caso fiscales, poco tienen que ver con el propósito de superar la crisis que vive el país.
Si nuestros diputados siguen ahogando su capacidad de análisis y razonamiento, con las consignas que les dictan las dirigencias de sus partidos y se esfuerzan por velar más por los intereses de camarillas que del bien público, el disgusto de la ciudadanía se transformará en acción política y cada vez más se elevará el tono de las exigencias por reformas profundas. El juego de los partidos políticos debe definirse bajo la estrategia de proteger e impulsar aquello que convenga a toda la nación y, en su caso, proteger a los más vulnerables.
Los bandazos que ahora da el PRI, muestran que sus estrategias parlamentarias, se definen en función de sus intereses de corto plazo, mismos que tienen que ver con su reposicionamiento en el poder federal y no con una plataforma política sustentada en el interés público. El PAN, en su desesperación por tener alguna oportunidad de gobernar, se preocupa más por los problemas de caja, que por los serios problemas del país. El PRD, perdido en sus confrontaciones internas, no parece tener propuesta alguna, o al menos hasta ahora no ha dicho esta boca es mía, mientras sus aliados menores, hacen gala de la violencia y la burla como sustitutos procaces de la retórica parlamentaria. Hay pobreza en nuestros tribunos.
Las propuestas que algunos economistas han formulado para salir de la crisis, tienen que ver con la ampliación de la base fiscal, el control del gasto público y fortalecer la confianza reactivando el mercado interno, entre otras. El gobierno del PAN ha hecho todo lo contrario. Nadie parece ocuparse de la economía real y reducen la discusión a los problemas financieros del gobierno federal, como si con eso se garantizara la reactivación de nuestra economía.
Los secretarios de Hacienda y de Gobernación, ante la posibilidad de que la reacción del PRI los deje sin recursos para el 2010, han salido a defender lo indefendible. Siente uno vergüenza ajena al escucharlos.
Mientras todo esto sucede, la población ve reducidos sus ingresos, las deudas bancarias y comerciales agobian a la clase media; los pobres se vuelven miserables y los miserables delincuentes. En una escalada incontenible, la población más afectada se vuelca a la ilegalidad. Quienes piensan que el estallido social se dará pronto, convendría decirles que ya ha comenzado. Todos esperan ver a revolucionarios vestidos con uniformes y un fusil al hombro; no es así, el levantamiento de una parte de la población ya comenzó con el incremento de la criminalidad hace un par de años. Así empiezan las grandes transformaciones sociales, de modo imperceptible y bajo formas inesperadas; la otra imagen, la de la revolución social es un estereotipo que se revela tardíamente.
Que el lector no espere buenos augurios si la clase política del país no se ocupa de los problemas nacionales y abandona su sectarismo partidario. Es urgente un acuerdo nacional con objetivos y políticas claras, ese acuerdo podría iniciarse con el paquete económico del 2010 esa es la tarea de los partidos que están en el congreso. Es muy probable que el movimiento social en México, a la luz de la experiencia del SME comience a articularse y a formar el gran frente social que le podría dar sustento a un eventual acuerdo político para salvar al país.
Los senadores del PRI regresarán a la cámara de diputados el proyecto de ley, desconocemos ahora cuál será la propuesta que resulte de esta revisión del malogrado proyecto. Se rumora que la presidencia de la república cabildea con intensidad para salvar su futuro; pues de los recursos que la ley le permita recabar depende su capacidad de maniobrar desde el poder. Por lo pronto, hay quienes piensan que su ligereza le costará a Nava el puesto de dirigente del PAN.
En el PRD, se ve ahora la posibilidad de robar cámara, aprovechando el enojo del tricolor y están en eso, quieren elaborar una propuesta con el PRI, que no presione mucho a los contribuyentes y con esto mejorar su imagen en las próximas elecciones. Quienes la han pasado mal son los diputados del revolucionario institucional, porque votaron por disciplina y ahora tienen que desandar sus pasos y revisar en serio el proyecto de ley de ingresos. Algunos están molestos y de ahora en adelante, dicen, tendrán más cuidado al votar ¿Será?
Más allá de los chismes y berrinches, lo que todo esto pone al descubierto son dos cosas: que nuestros diputados, lejos de escuchar el consejo de que se deben a sus electores, siguen sometidos a sus cúpulas partidistas y que el diseño de las estrategias, en este caso fiscales, poco tienen que ver con el propósito de superar la crisis que vive el país.
Si nuestros diputados siguen ahogando su capacidad de análisis y razonamiento, con las consignas que les dictan las dirigencias de sus partidos y se esfuerzan por velar más por los intereses de camarillas que del bien público, el disgusto de la ciudadanía se transformará en acción política y cada vez más se elevará el tono de las exigencias por reformas profundas. El juego de los partidos políticos debe definirse bajo la estrategia de proteger e impulsar aquello que convenga a toda la nación y, en su caso, proteger a los más vulnerables.
Los bandazos que ahora da el PRI, muestran que sus estrategias parlamentarias, se definen en función de sus intereses de corto plazo, mismos que tienen que ver con su reposicionamiento en el poder federal y no con una plataforma política sustentada en el interés público. El PAN, en su desesperación por tener alguna oportunidad de gobernar, se preocupa más por los problemas de caja, que por los serios problemas del país. El PRD, perdido en sus confrontaciones internas, no parece tener propuesta alguna, o al menos hasta ahora no ha dicho esta boca es mía, mientras sus aliados menores, hacen gala de la violencia y la burla como sustitutos procaces de la retórica parlamentaria. Hay pobreza en nuestros tribunos.
Las propuestas que algunos economistas han formulado para salir de la crisis, tienen que ver con la ampliación de la base fiscal, el control del gasto público y fortalecer la confianza reactivando el mercado interno, entre otras. El gobierno del PAN ha hecho todo lo contrario. Nadie parece ocuparse de la economía real y reducen la discusión a los problemas financieros del gobierno federal, como si con eso se garantizara la reactivación de nuestra economía.
Los secretarios de Hacienda y de Gobernación, ante la posibilidad de que la reacción del PRI los deje sin recursos para el 2010, han salido a defender lo indefendible. Siente uno vergüenza ajena al escucharlos.
Mientras todo esto sucede, la población ve reducidos sus ingresos, las deudas bancarias y comerciales agobian a la clase media; los pobres se vuelven miserables y los miserables delincuentes. En una escalada incontenible, la población más afectada se vuelca a la ilegalidad. Quienes piensan que el estallido social se dará pronto, convendría decirles que ya ha comenzado. Todos esperan ver a revolucionarios vestidos con uniformes y un fusil al hombro; no es así, el levantamiento de una parte de la población ya comenzó con el incremento de la criminalidad hace un par de años. Así empiezan las grandes transformaciones sociales, de modo imperceptible y bajo formas inesperadas; la otra imagen, la de la revolución social es un estereotipo que se revela tardíamente.
Que el lector no espere buenos augurios si la clase política del país no se ocupa de los problemas nacionales y abandona su sectarismo partidario. Es urgente un acuerdo nacional con objetivos y políticas claras, ese acuerdo podría iniciarse con el paquete económico del 2010 esa es la tarea de los partidos que están en el congreso. Es muy probable que el movimiento social en México, a la luz de la experiencia del SME comience a articularse y a formar el gran frente social que le podría dar sustento a un eventual acuerdo político para salvar al país.
miércoles, 21 de octubre de 2009
LAS LECCIONES DEL SME
Sorprende la cantidad de artículos que se han publicado en la prensa nacional sobre el asunto del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y la empresa Luz y Fuerza del Centro(LyFC). Las posiciones van desde el apoyo incondicional al SME de quienes se reclaman de izquierda, además de sindicalistas, hasta los que aprueban la decisión del presidente Felipe Calderón de extinguir a la empresa y le aplauden de pie, sin dar muestra de pudor alguno.
En medio están los que “matizan” su opinión de apoyo al sindicato, diciendo que la empresa Luz y Fuerza estaba enferma de burocracia, que ciertamente las pérdidas eran cuantiosas, pero que al fin de cuentas el SME sólo obtuvo lo que el gobierno acordó en darle como parte de sus prestaciones, por inconciencia, incompetencia, temor o lo que fuera; lo cierto es que los privilegios de que gozaban los trabajadores, fueron acordados con los funcionarios públicos desde hace ya varios años, desde que el PRI dominaba el gobierno federal y así continuó con el PAN hecho gobierno.
Otros aprueban con “reservas” la decisión presidencial, aceptan que la medida de cerrar LyFC fue un recursos extremo pero necesario y sostienen que : la economía de las empresas públicas se sanea con mano firme y mandando al desempleo a miles de trabajadores, ni modo ese es el costo.
Los que critican en voz baja la medida, dicen que resulta estúpido cerrar la empresa, despedir a trabajadores enfermos de corrupción y burocratismo, para después recontratarlos en empresas públicas que no han llegado a los extremos de Luz y Fuerza, sólo para contaminarlas; o los otros, aquellos que ponen en duda la legalidad de la medida adoptada por el presidente.
Y así habrá muchas más: a favor o en contra de la decisión del presidente o a favor y en contra del SME; sin embargo, no he leído o escuchado opiniones que cuestionen la legalidad de las negociaciones y acuerdos que hubo entre el gobierno y el sindicato, porque esto implicaría a funcionarios públicos de origen priísta y panista; tampoco he leído nada acerca de la burocratización del SME y los vicios que, en esas condiciones, afectan al sindicato; porque esto llevaría a revisar la situación de otras organizaciones como la de petróleos mexicanos, el SNTE, la de los telefonistas y otras más.
En cuanto a la decisión del presidente, hubiera sido deseable que se llamara a cuentas a los funcionarios que llenaron de privilegios y recursos al SME, para que se le fincaran responsabilidades por crearle pasivos impagables al gobierno federal y por tanto a la población, y además por no cumplir con el mandato constitucional, que exige que las empresas públicas sean eficientes y eficaces.
El segundo aspecto del problema es más complejo, porque tiene que ver con la crisis de los sindicatos en México. Desde la década de los 70´s, período de auge del sindicalismo democrático, el Estado creó los mecanismos de su incorporación al sistema político, dejando que el discurso hueco de los “nuevos sindicalistas”, inundara las calles y las plazas públicas, pero cuidando de que sus acciones no consolidaran un frente clasista, por demás peligroso. Ya en los años ochenta los gobiernos neoliberales se encargaron de minar a las organizaciones de trabajadores desmantelando poco a poco las condiciones jurídicas que les daban sustento y garantías. En los años 90´s la globalización se encargó de desmantelar lo poco que quedaba de los pequeños y medianos sindicatos. ¿ Qué sucedió con los sindicatos democráticos y las grandes centrales obreras? Sufrieron el proceso conocido como “aristocratización”, que hace de los obreros piezas dóciles, cuyos sindicatos gozan de muchos privilegios, y en los que un grupo de trabajadores muy bien pagados los dirigen, mientras controlan al resto con la esperanza de que lograrán mejorar su situación y metiéndoles en la cabeza que , a diferencia de otros trabajadores, gozan de un “poder” real sobre sus centros de trabajo: el poder proletario. Nada más falso.
La aristocracia obrera fue siempre el sector de los trabajadores que mediatizó y mediatiza la lucha de los sindicatos, permitiendo el control de las organizaciones laborales, mientras se alienta la imagen de sindicatos independientes y combativos, que en realidad resultan inocuos. El caso es paradójico pero aleccionador: mientras más logros obtiene un sindicato y más poder burocrático se le delega, corre el riesgo de corromperse y en nada distinguirse del viejo charrismo sindical. El llamado sindicalismo independiente, en su mayoría, está enfermo de aristocracia obrera y su separación del Estado, para el caso de las empresas públicas, está en relación inversa a sus privilegios burocráticos.
El SME y otras organizaciones obreras “democráticas” e “independientes”, comparten el mal de la burocratización y sufren a sus propias aristocracias. Esa es la lección que da el Sindicato Mexicano de Electricistas, una que llama a la revisión profunda del sindicalismo en México, de aquel que hizo posible, en los ya lejanos años setenta, la insurgencia sindical en nuestro país.
Habrá que ver si existen las condiciones para que resurjan las organizaciones laborales en México, aquellas que sepan solidarizarse con sus compañeros de clase y con el resto de la población en situación de marginación y de pobreza; pero no queriendo enarbolar la bandera de cada sector del pueblo, asumiéndose como iluminados, por encima de todos los trabajadores; sino sirviendo desde su centro de trabajo con honradez y compromiso social, y que como organización, eviten recibir los privilegios que los otros no tienen, buscando lograr el principio de: a igual trabajo igual salario, consolidando su democracia interna y construyendo un compromiso con el resto de los trabajadores.
Adicionalmente, un nuevo equilibrio entre salario y capital es urgente y necesario. La vía de la reforma fiscal es una, hace falta la de la reforma laboral, de la que poco o nada se ha dicho.
En medio están los que “matizan” su opinión de apoyo al sindicato, diciendo que la empresa Luz y Fuerza estaba enferma de burocracia, que ciertamente las pérdidas eran cuantiosas, pero que al fin de cuentas el SME sólo obtuvo lo que el gobierno acordó en darle como parte de sus prestaciones, por inconciencia, incompetencia, temor o lo que fuera; lo cierto es que los privilegios de que gozaban los trabajadores, fueron acordados con los funcionarios públicos desde hace ya varios años, desde que el PRI dominaba el gobierno federal y así continuó con el PAN hecho gobierno.
Otros aprueban con “reservas” la decisión presidencial, aceptan que la medida de cerrar LyFC fue un recursos extremo pero necesario y sostienen que : la economía de las empresas públicas se sanea con mano firme y mandando al desempleo a miles de trabajadores, ni modo ese es el costo.
Los que critican en voz baja la medida, dicen que resulta estúpido cerrar la empresa, despedir a trabajadores enfermos de corrupción y burocratismo, para después recontratarlos en empresas públicas que no han llegado a los extremos de Luz y Fuerza, sólo para contaminarlas; o los otros, aquellos que ponen en duda la legalidad de la medida adoptada por el presidente.
Y así habrá muchas más: a favor o en contra de la decisión del presidente o a favor y en contra del SME; sin embargo, no he leído o escuchado opiniones que cuestionen la legalidad de las negociaciones y acuerdos que hubo entre el gobierno y el sindicato, porque esto implicaría a funcionarios públicos de origen priísta y panista; tampoco he leído nada acerca de la burocratización del SME y los vicios que, en esas condiciones, afectan al sindicato; porque esto llevaría a revisar la situación de otras organizaciones como la de petróleos mexicanos, el SNTE, la de los telefonistas y otras más.
En cuanto a la decisión del presidente, hubiera sido deseable que se llamara a cuentas a los funcionarios que llenaron de privilegios y recursos al SME, para que se le fincaran responsabilidades por crearle pasivos impagables al gobierno federal y por tanto a la población, y además por no cumplir con el mandato constitucional, que exige que las empresas públicas sean eficientes y eficaces.
El segundo aspecto del problema es más complejo, porque tiene que ver con la crisis de los sindicatos en México. Desde la década de los 70´s, período de auge del sindicalismo democrático, el Estado creó los mecanismos de su incorporación al sistema político, dejando que el discurso hueco de los “nuevos sindicalistas”, inundara las calles y las plazas públicas, pero cuidando de que sus acciones no consolidaran un frente clasista, por demás peligroso. Ya en los años ochenta los gobiernos neoliberales se encargaron de minar a las organizaciones de trabajadores desmantelando poco a poco las condiciones jurídicas que les daban sustento y garantías. En los años 90´s la globalización se encargó de desmantelar lo poco que quedaba de los pequeños y medianos sindicatos. ¿ Qué sucedió con los sindicatos democráticos y las grandes centrales obreras? Sufrieron el proceso conocido como “aristocratización”, que hace de los obreros piezas dóciles, cuyos sindicatos gozan de muchos privilegios, y en los que un grupo de trabajadores muy bien pagados los dirigen, mientras controlan al resto con la esperanza de que lograrán mejorar su situación y metiéndoles en la cabeza que , a diferencia de otros trabajadores, gozan de un “poder” real sobre sus centros de trabajo: el poder proletario. Nada más falso.
La aristocracia obrera fue siempre el sector de los trabajadores que mediatizó y mediatiza la lucha de los sindicatos, permitiendo el control de las organizaciones laborales, mientras se alienta la imagen de sindicatos independientes y combativos, que en realidad resultan inocuos. El caso es paradójico pero aleccionador: mientras más logros obtiene un sindicato y más poder burocrático se le delega, corre el riesgo de corromperse y en nada distinguirse del viejo charrismo sindical. El llamado sindicalismo independiente, en su mayoría, está enfermo de aristocracia obrera y su separación del Estado, para el caso de las empresas públicas, está en relación inversa a sus privilegios burocráticos.
El SME y otras organizaciones obreras “democráticas” e “independientes”, comparten el mal de la burocratización y sufren a sus propias aristocracias. Esa es la lección que da el Sindicato Mexicano de Electricistas, una que llama a la revisión profunda del sindicalismo en México, de aquel que hizo posible, en los ya lejanos años setenta, la insurgencia sindical en nuestro país.
Habrá que ver si existen las condiciones para que resurjan las organizaciones laborales en México, aquellas que sepan solidarizarse con sus compañeros de clase y con el resto de la población en situación de marginación y de pobreza; pero no queriendo enarbolar la bandera de cada sector del pueblo, asumiéndose como iluminados, por encima de todos los trabajadores; sino sirviendo desde su centro de trabajo con honradez y compromiso social, y que como organización, eviten recibir los privilegios que los otros no tienen, buscando lograr el principio de: a igual trabajo igual salario, consolidando su democracia interna y construyendo un compromiso con el resto de los trabajadores.
Adicionalmente, un nuevo equilibrio entre salario y capital es urgente y necesario. La vía de la reforma fiscal es una, hace falta la de la reforma laboral, de la que poco o nada se ha dicho.
jueves, 1 de octubre de 2009
CRISIS Y UNIVERSIDAD.
La crisis internacional que azota hoy a México, ya se ha comentado, es la peor que hemos vivido en nuestra historia contemporánea. Lo que no se ha dicho es que la dependencia en materia de conocimiento que sufre la mayoría de los países del mundo con respecto a unas cuantas metrópolis, nos llevará en breve, a una situación nunca antes vivida por la humanidad: la esclavitud científica y tecnológica.
Las instituciones de educación superior de un puñado de países del mundo, son las que producen más del 60% de los conocimientos que hacen posible la vida moderna. Las industrias de esos países, son los principales motores del desarrollo tecnológico del orbe. Fuera de los Estados Unidos de Norteamérica, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido, el resto de los países del mundo, aportan muy poco al desarrollo científico y tecnológico. En esto América Latina y menos aún México, nada tienen que ver. Nuestra esclavitud, científica y tecnológica, está pues garantizada.
Es preocupante darse cuenta qué poco se ha hecho para remediar la situación de México en materia de política del conocimiento y de desarrollo tecnológico; pero es alarmante percibir que lo que en el ámbito internacional es una notable concentración de la capacidad de producir ciencia y tecnología, en nuestro país se sufre, además, como una espantosa desigualdad: en estados como Oaxaca, la universidad autónoma intenta sobrevivir, manteniendo al mínimo sus servicios,
Las universidades públicas en México, están condenadas a la muerte por inanición si no actuamos de inmediato y entre ellas corren mayor riesgo las universidades que como la Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) sobreviven con un subsidio miserable. Hoy, más que en otros momentos de nuestra historia, salir de la crisis pasa por el apoyo a nuestras universidades y de éstas, a las que están en mayor riesgo.
Si evitar la esclavitud que propicia la ignorancia es tema estratégico para México, hacer justicia a los miles de jóvenes que desean realizar una carrera universitaria es impostergable: La ciencia no flota en el éter de la sapiencia, se encarna en profesionistas y hombres de ciencia; por eso, desarrollo y justicia van de la mano y en Oaxaca, si algo falta, es que se le haga justicia al pueblo de Benito Juárez y a la universidad a la que él dio origen y nombre.
Es abismal la diferencia de apoyos a las Universidades Públicas del Sur y Sureste de la República en relación con el resto del país, por citar un dato: la relación del costo por alumno en proporción al monto de la media nacional de las demás instituciones de educación superior, es inferior para los estudiantes de la UABJO, para lograr la equidad en este rubro se requiere un presupuesto anual de cuando menos mil 200 millones de pesos.
Al ser la UABJO, la universidad pública que absorbe al 60 por ciento de la población estudiantil en el Estado de Oaxaca, hace que el fenómeno del crecimiento poblacional evidencie la necesidad y urgencia de incremento del subsidio presupuestal; pero al mismo tiempo representa la justificación para rescatar programas de inversión a los sistemas productivos estatales que permitan la proyección y puesta en práctica de nuevas carreras en la UABJO, además de privilegiar la Investigación en todas las áreas y gestionar los campos clínicos en el ámbito nacional, para los estudiantes de medicina, con nuevas opciones educativas.
Hace unos días, en el senado de la república se promovió un punto de acuerdo solicitando recursos para la UABJO. El acto es intachable; pero la intención preocupa por lo que puede ser: un hecho que justifique una supuesta lucha por el incremento del subsidio que oculte un interés desestabilizador. La actual huelga de la universidad puede ser el inicio y es necesario que se tomen medidas ahora.
La UABJO no está condenada al fracaso, creo firmemente que existen soluciones que no se ha intentado construir; pero que no se pueden postergar. En nuestro sistema de universidades y principalmente en nuestra Alma Mater, centramos nuestra esperanza de que Oaxaca constribuya a que el país salga de la crisis y se reconozca el potencial que, en sus hombres y mujeres, encierra nuestro estado.
Las instituciones de educación superior de un puñado de países del mundo, son las que producen más del 60% de los conocimientos que hacen posible la vida moderna. Las industrias de esos países, son los principales motores del desarrollo tecnológico del orbe. Fuera de los Estados Unidos de Norteamérica, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido, el resto de los países del mundo, aportan muy poco al desarrollo científico y tecnológico. En esto América Latina y menos aún México, nada tienen que ver. Nuestra esclavitud, científica y tecnológica, está pues garantizada.
Es preocupante darse cuenta qué poco se ha hecho para remediar la situación de México en materia de política del conocimiento y de desarrollo tecnológico; pero es alarmante percibir que lo que en el ámbito internacional es una notable concentración de la capacidad de producir ciencia y tecnología, en nuestro país se sufre, además, como una espantosa desigualdad: en estados como Oaxaca, la universidad autónoma intenta sobrevivir, manteniendo al mínimo sus servicios,
Las universidades públicas en México, están condenadas a la muerte por inanición si no actuamos de inmediato y entre ellas corren mayor riesgo las universidades que como la Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) sobreviven con un subsidio miserable. Hoy, más que en otros momentos de nuestra historia, salir de la crisis pasa por el apoyo a nuestras universidades y de éstas, a las que están en mayor riesgo.
Si evitar la esclavitud que propicia la ignorancia es tema estratégico para México, hacer justicia a los miles de jóvenes que desean realizar una carrera universitaria es impostergable: La ciencia no flota en el éter de la sapiencia, se encarna en profesionistas y hombres de ciencia; por eso, desarrollo y justicia van de la mano y en Oaxaca, si algo falta, es que se le haga justicia al pueblo de Benito Juárez y a la universidad a la que él dio origen y nombre.
Es abismal la diferencia de apoyos a las Universidades Públicas del Sur y Sureste de la República en relación con el resto del país, por citar un dato: la relación del costo por alumno en proporción al monto de la media nacional de las demás instituciones de educación superior, es inferior para los estudiantes de la UABJO, para lograr la equidad en este rubro se requiere un presupuesto anual de cuando menos mil 200 millones de pesos.
Al ser la UABJO, la universidad pública que absorbe al 60 por ciento de la población estudiantil en el Estado de Oaxaca, hace que el fenómeno del crecimiento poblacional evidencie la necesidad y urgencia de incremento del subsidio presupuestal; pero al mismo tiempo representa la justificación para rescatar programas de inversión a los sistemas productivos estatales que permitan la proyección y puesta en práctica de nuevas carreras en la UABJO, además de privilegiar la Investigación en todas las áreas y gestionar los campos clínicos en el ámbito nacional, para los estudiantes de medicina, con nuevas opciones educativas.
Hace unos días, en el senado de la república se promovió un punto de acuerdo solicitando recursos para la UABJO. El acto es intachable; pero la intención preocupa por lo que puede ser: un hecho que justifique una supuesta lucha por el incremento del subsidio que oculte un interés desestabilizador. La actual huelga de la universidad puede ser el inicio y es necesario que se tomen medidas ahora.
La UABJO no está condenada al fracaso, creo firmemente que existen soluciones que no se ha intentado construir; pero que no se pueden postergar. En nuestro sistema de universidades y principalmente en nuestra Alma Mater, centramos nuestra esperanza de que Oaxaca constribuya a que el país salga de la crisis y se reconozca el potencial que, en sus hombres y mujeres, encierra nuestro estado.
domingo, 20 de septiembre de 2009
¿Y LOS BANCOS?
Una reciente encuesta de opinión, muestra que los mexicanos estamos convencidos de que el gobierno ha gastado mal los recursos de que dispone; y cuando se le pregunta al ciudadano de la calle qué se debe hacer, su respuesta es: reducir los gastos.
Ojalá y las cosas fueran así de simples. No tenemos dinero, luego entonces, no gastemos lo que no tenemos. En efecto, el sentido común nos indica que debemos que apretarnos el cinturón en tanto el país se recupera; el problema es cómo y cuándo se recuperará.
Cuando nos planteamos lo anterior, nos damos cuenta que no basta con apretarnos el cinturón reduciendo los gastos del gobierno, hacen falta otras cosas. Una de ellas, en mi opinión, es que revisemos el tema de los bancos. Tengo la impresión que será un tema que abordará la nueva legislatura federal, cuando traten el asunto de la política económica que conviene al país.
Sé que el tema es muy serio, pero estoy convencido que los mexicanos no soportarán más el brutal empobrecimiento de que están siendo objeto. La banca mexicana se ha dedicado a generar deudas, su papel como agente financiero del desarrollo se ha desvanecido en un mar de escándalos y corrupción. Si tuviera que dar mi opinión acerca de la banca mexicana, diría: está saqueando al país.
El mundo sufre los efectos que provoca un capital financiero desbocado. En todo el planeta se busca una solución al problema, pero los fuertes intereses de quienes reciben miles de millones de dólares de ganancia, impiden que este mal se supere.
El sistema financiero internacional, encontró una mina de oro en la magia de convertir la deuda de los demás en dinero constante y sonante para él. Los bancos están ahora bajo un régimen de excepción; los depósitos que funcionan como garantía de sus acciones ante el banco central de los países, son, a veces, inexistentes. Sus operaciones de compra-venta, casi siempre especulativas, no son gravadas, (por ejemplo en México), pueden capitalizar inmediatamente los intereses que reciben por los créditos que otorgan, de un capital inexistente. Si señores: INEXISTENTE.
La banca nacional, otorga créditos, sin tener el dinero que lo respalde. Por ejemplo, los usuarios de tarjetas de crédito, reciben un plástico y comienzan a construir una deuda que será impagable y que los agobiará hasta su muerte. Sin embargo, una vez que el cliente haya intentado por varios años pagar su deuda con el banco, se declarará insolvente y su caso pasará a la cartera vencida del banco. El monto total de la cartera vencida de un banco, la paga en México el IPAB, cuyos fondos se supone son para proteger al ahorro, falso. Sus fondos sirven para asegurar que los bancos recibirán dinero a partir del monto de deuda que hayan sido capaces de crear. ¿Se da cuenta el lector del truco? Nunca hubo dinero, hasta que el deudor no pudo pagar y su deuda la absorbió el IPAB, pero el deudor no recibirá ni un quinto, todo, incluyendo los intereses, lo recibirán los banqueros.
Todos los créditos funcionan de la misma manera; nunca se cuenta con el dinero, sino con el “aval” del banco, los productores o comercializadores de bienes, le dan al usuario del crédito (deudor), los bienes a cambio de una promesa de pago, que el deudor hará efectiva al banco y el banco al productor o comercializador de bienes. Por sólo pasar el dinero de una mano a otra, el banco se lleva una millonada; pero el verdadero negocio, será la enorme masa de deuda que luego el IPAB, en el caso de México, hará efectiva a los banqueros, con intereses.
¿Y de dónde sale el dinero que le da el IPAB a los banqueros? Del trabajo de los mexicanos, que producen para que el dinero tenga respaldo real; por eso, cuando entra en desequilibrio el circulante con la cantidad de bienes en el mercado, el capital financiero presiona, para regresar al equilibrio, exigiendo al sector productivo que haya más bienes; le llaman incrementar la productividad. El sector productivo no producirá más, porque no tiene capital para invertir, o porque resulta más rentable dárselo a los bancos y vuelta a ganar. Lo cierto es que el negocio banquero, hace que a un país se le saquee, sin que en ningún momento haya un efecto benéfico para la economía real.
Lo que sucedió en los Estados Unidos, fue que la cadena de deuda-pago, se rompió y los bancos, muy inteligentemente, se declararon sin liquidez para cumplir con sus compromisos, que por arte de magia, fueron transferidos a la economía real. Los legisladores gringos, en nada parecidos a los mexicanos, antes de un rescate bancario ( ¿Recuerdan el FOBAPROA?), exigieron ver las cuentas de las empresas y arreglar con ellas, no con los bancos que ya se habían llevado una buena tajada del pastel. Lo anterior fue algo así como si el dinero del IPAB se lo dieran a los tarjeta-habientes, para que ellos pagaran su deuda y el gobierno mediara entre los clientes y los bancos, porque, aun y cuando el gobierno apoyara con dinero real a los deudores, la deuda sería impagable por los elevadísimos intereses que la “ley” le permite a los bancos aplicar, y cuyo ejercicio es parte importante de su negocio, cuyo nombre es: Agio.
El agio está penado hasta en las religiones, menos en los negocios del capital financiero. En México tenemos tan mala suerte, que ya la Suprema Corte de Justicia estableció que lo que hacen los bancos es legal y ¡ hasta moral! Créame, es cierto.
Por eso me llama la atención que muchos opinen que nuestros problemas se resolverán si el gobierno gasta menos y nos apretamos el cinturón. Desde luego que hay que hacer eso y más, entre otras cosas, evitar que los bancos, sigan saqueando al país.
Ojalá y las cosas fueran así de simples. No tenemos dinero, luego entonces, no gastemos lo que no tenemos. En efecto, el sentido común nos indica que debemos que apretarnos el cinturón en tanto el país se recupera; el problema es cómo y cuándo se recuperará.
Cuando nos planteamos lo anterior, nos damos cuenta que no basta con apretarnos el cinturón reduciendo los gastos del gobierno, hacen falta otras cosas. Una de ellas, en mi opinión, es que revisemos el tema de los bancos. Tengo la impresión que será un tema que abordará la nueva legislatura federal, cuando traten el asunto de la política económica que conviene al país.
Sé que el tema es muy serio, pero estoy convencido que los mexicanos no soportarán más el brutal empobrecimiento de que están siendo objeto. La banca mexicana se ha dedicado a generar deudas, su papel como agente financiero del desarrollo se ha desvanecido en un mar de escándalos y corrupción. Si tuviera que dar mi opinión acerca de la banca mexicana, diría: está saqueando al país.
El mundo sufre los efectos que provoca un capital financiero desbocado. En todo el planeta se busca una solución al problema, pero los fuertes intereses de quienes reciben miles de millones de dólares de ganancia, impiden que este mal se supere.
El sistema financiero internacional, encontró una mina de oro en la magia de convertir la deuda de los demás en dinero constante y sonante para él. Los bancos están ahora bajo un régimen de excepción; los depósitos que funcionan como garantía de sus acciones ante el banco central de los países, son, a veces, inexistentes. Sus operaciones de compra-venta, casi siempre especulativas, no son gravadas, (por ejemplo en México), pueden capitalizar inmediatamente los intereses que reciben por los créditos que otorgan, de un capital inexistente. Si señores: INEXISTENTE.
La banca nacional, otorga créditos, sin tener el dinero que lo respalde. Por ejemplo, los usuarios de tarjetas de crédito, reciben un plástico y comienzan a construir una deuda que será impagable y que los agobiará hasta su muerte. Sin embargo, una vez que el cliente haya intentado por varios años pagar su deuda con el banco, se declarará insolvente y su caso pasará a la cartera vencida del banco. El monto total de la cartera vencida de un banco, la paga en México el IPAB, cuyos fondos se supone son para proteger al ahorro, falso. Sus fondos sirven para asegurar que los bancos recibirán dinero a partir del monto de deuda que hayan sido capaces de crear. ¿Se da cuenta el lector del truco? Nunca hubo dinero, hasta que el deudor no pudo pagar y su deuda la absorbió el IPAB, pero el deudor no recibirá ni un quinto, todo, incluyendo los intereses, lo recibirán los banqueros.
Todos los créditos funcionan de la misma manera; nunca se cuenta con el dinero, sino con el “aval” del banco, los productores o comercializadores de bienes, le dan al usuario del crédito (deudor), los bienes a cambio de una promesa de pago, que el deudor hará efectiva al banco y el banco al productor o comercializador de bienes. Por sólo pasar el dinero de una mano a otra, el banco se lleva una millonada; pero el verdadero negocio, será la enorme masa de deuda que luego el IPAB, en el caso de México, hará efectiva a los banqueros, con intereses.
¿Y de dónde sale el dinero que le da el IPAB a los banqueros? Del trabajo de los mexicanos, que producen para que el dinero tenga respaldo real; por eso, cuando entra en desequilibrio el circulante con la cantidad de bienes en el mercado, el capital financiero presiona, para regresar al equilibrio, exigiendo al sector productivo que haya más bienes; le llaman incrementar la productividad. El sector productivo no producirá más, porque no tiene capital para invertir, o porque resulta más rentable dárselo a los bancos y vuelta a ganar. Lo cierto es que el negocio banquero, hace que a un país se le saquee, sin que en ningún momento haya un efecto benéfico para la economía real.
Lo que sucedió en los Estados Unidos, fue que la cadena de deuda-pago, se rompió y los bancos, muy inteligentemente, se declararon sin liquidez para cumplir con sus compromisos, que por arte de magia, fueron transferidos a la economía real. Los legisladores gringos, en nada parecidos a los mexicanos, antes de un rescate bancario ( ¿Recuerdan el FOBAPROA?), exigieron ver las cuentas de las empresas y arreglar con ellas, no con los bancos que ya se habían llevado una buena tajada del pastel. Lo anterior fue algo así como si el dinero del IPAB se lo dieran a los tarjeta-habientes, para que ellos pagaran su deuda y el gobierno mediara entre los clientes y los bancos, porque, aun y cuando el gobierno apoyara con dinero real a los deudores, la deuda sería impagable por los elevadísimos intereses que la “ley” le permite a los bancos aplicar, y cuyo ejercicio es parte importante de su negocio, cuyo nombre es: Agio.
El agio está penado hasta en las religiones, menos en los negocios del capital financiero. En México tenemos tan mala suerte, que ya la Suprema Corte de Justicia estableció que lo que hacen los bancos es legal y ¡ hasta moral! Créame, es cierto.
Por eso me llama la atención que muchos opinen que nuestros problemas se resolverán si el gobierno gasta menos y nos apretamos el cinturón. Desde luego que hay que hacer eso y más, entre otras cosas, evitar que los bancos, sigan saqueando al país.
sábado, 12 de septiembre de 2009
RETROLIBERALISMO
Por lo que he leído, muchas opiniones coinciden en que el paquete económico enviado por el presidente al Congreso federal, no representa una solución a la crisis que vivimos, y yo estoy de acuerdo.
Me parece absurdo incrementar los impuestos a la población. Gravar el consumo sólo provoca la contracción de la demanda interna, ponerle impuestos a los depósitos bancarios desalienta el ahorro, establecer un impuesto general para ayudar a los pobres es de una redonda estupidez; ¿Pero, no se les ocurre otra cosa?
Es bien sabido que la expresión norteamericana del neoliberalismo, establece catorce puntos básicos: disciplina fiscal, reordenación del gasto público hacia campos- como los de atención a la salud básica, la educación primaria y la infraestructura- que ofrecieran simultáneamente altos rendimientos económicos y potencial para mejorar la distribución del ingreso, reforma fiscal, mediante la disminución de las tasas marginales y aumento de la base fiscal, liberalización de las tasas de interés, tipo de cambio competitivo, liberalización del comercio, liberalización de entradas de inversión extranjera directa, privatización de empresas y servicios del Estado, desregulación para eliminar barreras de entrada y salida del mercado, certidumbre en los derechos de propiedad, liberalización de cuentas de capital, monetarismo, economía supply-side ( oferta) y la reducción de la intervención pública a su mínima expresión.
Esta receta, pensada originalmente para negociar la reestructuración de la deuda externa de los países Latinoamericanos, sirvió después para saquear a la ex Unión Soviética y a los países en desarrollo. El gobierno del Presidente Calderón va más allá del Consenso de Washington. Cómo se llama a este tipo de política ¿Retroliberalismo?
Al parecer al gobierno panista no le dejarán sus adversarios otra salida, que recurrir a la deuda externa y poner en práctica una política económica distinta a la neoliberal y más distinta aún a la retroliberal. Por lo pronto, Calderón debería preparar sus argumentos para que el congreso le autorice que endeude al país y con ello termine por enterrar a su fallido gobierno.
En mi opinión debe ponerse término al dominio del capital financiero, reformando las leyes pertinentes, pero sobre todo aquella que regula la operación de la banca en el manejo de recursos crediticios. Bajar las enormes tasas de interés bancario y establecer normas que penalicen la usura; porque hasta ahora les han solapado sus raterías. Otra reforma urgente es la del artículo 123 constitucional y sus leyes reglamentarias, para proteger a los trabajadores de la rapiña y fortalecer a los tribunales de arbitraje, porque tampoco se desea lesionar a los empresarios.
La reforma fiscal es más que urgente, pero aquella que redistribuya la carga fiscal de manera equitativa; pues debe gravarse al trabajo, pero también al capital y deben establecerse estímulos para la productividad y el desarrollo científico y tecnológico para que se estimule la inversión.
Debe regularse la inversión extranjera directa, para que se acumule capital real y no se especule en la bolsa de valores o en los bancos. Deben fortalecerse las empresas productivas del sector social y el Estado reservar su intervención para proteger la independencia y soberanía de la nación, y procurar la seguridad pública, impulsar la equidad y garantizar la aplicación de la ley. No hablo de PEMEX, porque está sobradamente sabido que se necesita dar un impulso a la exploración de nuevos yacimientos y modernizar a esa empresa estatal.
Estos son algunos puntos que, espero, aparezcan en el debate que seguramente habrá en el congreso acerca de cuál debe ser la política económica a adoptar. El Presidente Calderón ya propuso la suya, los empresarios harán lo propio; me pregunto: y los sindicatos, las organizaciones campesinas, los profesionales de la economía, ¿qué proponen? Su silencio me preocupa, porque no quiero imaginar esos niveles de complicidad.
El señor Slim propone un programa de microcréditos, que funcionaría bien una vez que se estabilice la economía, ahora solo provocará endeudamientos.
Si llegáramos a ponernos de acuerdo todos en lo que hay que hacer, este es el momento para integrarnos en un gran frente nacional, que nos saque de la crisis y pactemos el desarrollo, profundicemos nuestra democracia y fortalezcamos a México como Estado-nación.
Sólo espero que los partidos políticos no lucren con la crisis y quieran sacar beneficios mientras la población se muere de hambre y el país entre en una espiral de violencia; porque entonces será tarde y el cambio, para bien o para mal, se impondrá por la fuerza.
Me parece absurdo incrementar los impuestos a la población. Gravar el consumo sólo provoca la contracción de la demanda interna, ponerle impuestos a los depósitos bancarios desalienta el ahorro, establecer un impuesto general para ayudar a los pobres es de una redonda estupidez; ¿Pero, no se les ocurre otra cosa?
Es bien sabido que la expresión norteamericana del neoliberalismo, establece catorce puntos básicos: disciplina fiscal, reordenación del gasto público hacia campos- como los de atención a la salud básica, la educación primaria y la infraestructura- que ofrecieran simultáneamente altos rendimientos económicos y potencial para mejorar la distribución del ingreso, reforma fiscal, mediante la disminución de las tasas marginales y aumento de la base fiscal, liberalización de las tasas de interés, tipo de cambio competitivo, liberalización del comercio, liberalización de entradas de inversión extranjera directa, privatización de empresas y servicios del Estado, desregulación para eliminar barreras de entrada y salida del mercado, certidumbre en los derechos de propiedad, liberalización de cuentas de capital, monetarismo, economía supply-side ( oferta) y la reducción de la intervención pública a su mínima expresión.
Esta receta, pensada originalmente para negociar la reestructuración de la deuda externa de los países Latinoamericanos, sirvió después para saquear a la ex Unión Soviética y a los países en desarrollo. El gobierno del Presidente Calderón va más allá del Consenso de Washington. Cómo se llama a este tipo de política ¿Retroliberalismo?
Al parecer al gobierno panista no le dejarán sus adversarios otra salida, que recurrir a la deuda externa y poner en práctica una política económica distinta a la neoliberal y más distinta aún a la retroliberal. Por lo pronto, Calderón debería preparar sus argumentos para que el congreso le autorice que endeude al país y con ello termine por enterrar a su fallido gobierno.
En mi opinión debe ponerse término al dominio del capital financiero, reformando las leyes pertinentes, pero sobre todo aquella que regula la operación de la banca en el manejo de recursos crediticios. Bajar las enormes tasas de interés bancario y establecer normas que penalicen la usura; porque hasta ahora les han solapado sus raterías. Otra reforma urgente es la del artículo 123 constitucional y sus leyes reglamentarias, para proteger a los trabajadores de la rapiña y fortalecer a los tribunales de arbitraje, porque tampoco se desea lesionar a los empresarios.
La reforma fiscal es más que urgente, pero aquella que redistribuya la carga fiscal de manera equitativa; pues debe gravarse al trabajo, pero también al capital y deben establecerse estímulos para la productividad y el desarrollo científico y tecnológico para que se estimule la inversión.
Debe regularse la inversión extranjera directa, para que se acumule capital real y no se especule en la bolsa de valores o en los bancos. Deben fortalecerse las empresas productivas del sector social y el Estado reservar su intervención para proteger la independencia y soberanía de la nación, y procurar la seguridad pública, impulsar la equidad y garantizar la aplicación de la ley. No hablo de PEMEX, porque está sobradamente sabido que se necesita dar un impulso a la exploración de nuevos yacimientos y modernizar a esa empresa estatal.
Estos son algunos puntos que, espero, aparezcan en el debate que seguramente habrá en el congreso acerca de cuál debe ser la política económica a adoptar. El Presidente Calderón ya propuso la suya, los empresarios harán lo propio; me pregunto: y los sindicatos, las organizaciones campesinas, los profesionales de la economía, ¿qué proponen? Su silencio me preocupa, porque no quiero imaginar esos niveles de complicidad.
El señor Slim propone un programa de microcréditos, que funcionaría bien una vez que se estabilice la economía, ahora solo provocará endeudamientos.
Si llegáramos a ponernos de acuerdo todos en lo que hay que hacer, este es el momento para integrarnos en un gran frente nacional, que nos saque de la crisis y pactemos el desarrollo, profundicemos nuestra democracia y fortalezcamos a México como Estado-nación.
Sólo espero que los partidos políticos no lucren con la crisis y quieran sacar beneficios mientras la población se muere de hambre y el país entre en una espiral de violencia; porque entonces será tarde y el cambio, para bien o para mal, se impondrá por la fuerza.
domingo, 30 de agosto de 2009
CRISIS Y SOCIEDAD CIVIL.
El gobierno federal y los gobiernos de los estados, analizan las posibilidades de superar la crisis económica y orientar sus políticas hacía ese objetivo. Algunos expertos, son poco optimistas y han expresado su opinión de que llevará tiempo para que la economía nacional se recupere.
Al parecer, México no participará de la incipiente recuperación que se pronostica para los Estados Unidos de Norteamérica, la caída del Producto Interno Bruto en más del 10%, será un duro golpe para nuestro país; mientras tanto, los efectos de la carestía y el desempleo se empiezan a sentir con más fuerza.
Hay reportes de suicidios provocados por la desesperación de las personas que no ven ninguna salida a su situación económica. Familias desintegradas por la discordia que provoca la pobreza, o por la necesidad de buscar empleo lejos de sus hogares.
La crisis económica amenaza con convertirse en una crisis social, en la que el vínculo social se afecte, quizás de manera irremediable. El vínculo social es el sentimiento recíproco, que nos hace ver en los demás a seres semejantes, en quienes podemos confiar y a los que podemos acudir en caso de necesitarlos. El vínculo social hace posible la solidaridad entre nosotros, la confianza, la simpatía y otros afectos hacia los demás; gracias a él sentimos que nuestros semejantes son igualmente humanos, y compartimos con ellos objetivos comunes y una idea colectiva de futuro; nos permite además construir nuestra propia identidad a partir de la relación con los otros y nos da esa sensación de que no estamos solos.
El vínculo social es parte estructural de nuestra personalidad, que proyectamos hacia lo social y que permite establecer relaciones y construir sobre ellas instituciones. Sin embargo, en los momentos de crisis, cuando el ser humano por la angustia y desesperación sólo piensa en salvarse, sin importarle la suerte de los demás, comienza a extenderse la desconfianza, el egoísmo y hasta el miedo hacia nuestros semejantes. El vínculo social comienza a debilitarse y termina por bloquearse, propiciando la desconfianza en las instituciones sociales y en los propios hombres. En una sociedad en ese estado, impera la ley del más fuerte y la desesperanza.
En estos tiempos, además de los bienes materiales, es importante fortalecer el vínculo social, porque no bastarán las medidas anticrisis que instrumenten los gobiernos, será necesario que la propia sociedad instrumente acciones para protegerse de los terribles efectos de la falta de recursos y servicios asistenciales. La clase media y los pobres deberán organizarse si quieren sobrevivir a la crisis.
La construcción de redes de apoyo mutuo son, en estos casos, muy útiles. Los vecinos en una colonia se organizan para vigilar y protegerse de los delincuentes; en otros casos esas redes sirven para obtener financiamiento, cuidar a los hijos o ahorrar utilizando los vehículos de manera colectiva.
Otra forma de acción son los proyectos de abastecimiento comunitario en los que la población se organiza en cooperativas de consumo, para comprar bienes al mayoreo y después venderlos a ese mismo precio a los demás socios.
Los comedores comunitarios, las guarderías populares, los dispensarios médicos y muchas otras formas de acción colectiva, deberán promoverse en las colonias y comunidades rurales. Las medidas anti crisis, no vienen todas del gobierno.
Este tipo de acciones fortalece el vínculo social y permite construir instituciones de la comunidad para la ayuda mutua. El gobierno federal y de los estados, deberían apoyar este tipo de iniciativas de la sociedad civil, para organizar a las comunidades y fortalecer sus redes de ayuda mutua.
Los diferentes niveles de gobierno, podrían establecer bodegas de víveres no perecedero a las cuales pudieran acceder los ciudadanos organizados para venderlos a precios subsidiados y recuperar parte de lo invertido, lo importante, no solo sería mantener el proyecto, sino fortalecer el vínculo social.
Lo mismo se podría hacer en otros casos, como el orientar a los estudiantes de medicina, odontología y enfermería hacia esos espacios de acción comunitaria, para establecer clínicas administradas por los vecinos, como parte de su trabajo social y como medio para ganarse una beca para continuar con sus estudios.
Las artes pueden ser un medio privilegiado para el encuentro comunitario y la reflexión. Es urgente que la gente pueda recrearse y discutir sus problemas con sus semejantes para conservar la salud mental . Por eso la práctica del deporte es indispensable, mantener el cuerpo y la mente sanas, en tiempos de crisis es una necesidad impuesta por las circunstancias.
Hace ya varios años, participé en un proyecto de cooperativa de consumo. Comprábamos alimentos con una línea de crédito que nos otorgó una empresa estatal. Conseguimos un local en la colonia y por las tardes vendíamos los productos. Nunca olvidaré la cara de alegría de las madres de familia, cuando veían los precios bajos y los kilos bien pesados, todo hecho por sus vecinos; gente a la que ellas conocían bien. Todos los proyectos tienen un ciclo de vida, y al nuestro le llegó su día y cerramos la tienda comunal. Fue una experiencia alentadora, que integró más a la gente que vivíamos en la colonia. Creo que la situación actual nos obliga a retomar nuestras experiencias y volverlas a poner en práctica; porque, insisto, el gobierno aportará parte de la solución, lo demás lo tendremos que hacer nosotros mismos.
Al parecer, México no participará de la incipiente recuperación que se pronostica para los Estados Unidos de Norteamérica, la caída del Producto Interno Bruto en más del 10%, será un duro golpe para nuestro país; mientras tanto, los efectos de la carestía y el desempleo se empiezan a sentir con más fuerza.
Hay reportes de suicidios provocados por la desesperación de las personas que no ven ninguna salida a su situación económica. Familias desintegradas por la discordia que provoca la pobreza, o por la necesidad de buscar empleo lejos de sus hogares.
La crisis económica amenaza con convertirse en una crisis social, en la que el vínculo social se afecte, quizás de manera irremediable. El vínculo social es el sentimiento recíproco, que nos hace ver en los demás a seres semejantes, en quienes podemos confiar y a los que podemos acudir en caso de necesitarlos. El vínculo social hace posible la solidaridad entre nosotros, la confianza, la simpatía y otros afectos hacia los demás; gracias a él sentimos que nuestros semejantes son igualmente humanos, y compartimos con ellos objetivos comunes y una idea colectiva de futuro; nos permite además construir nuestra propia identidad a partir de la relación con los otros y nos da esa sensación de que no estamos solos.
El vínculo social es parte estructural de nuestra personalidad, que proyectamos hacia lo social y que permite establecer relaciones y construir sobre ellas instituciones. Sin embargo, en los momentos de crisis, cuando el ser humano por la angustia y desesperación sólo piensa en salvarse, sin importarle la suerte de los demás, comienza a extenderse la desconfianza, el egoísmo y hasta el miedo hacia nuestros semejantes. El vínculo social comienza a debilitarse y termina por bloquearse, propiciando la desconfianza en las instituciones sociales y en los propios hombres. En una sociedad en ese estado, impera la ley del más fuerte y la desesperanza.
En estos tiempos, además de los bienes materiales, es importante fortalecer el vínculo social, porque no bastarán las medidas anticrisis que instrumenten los gobiernos, será necesario que la propia sociedad instrumente acciones para protegerse de los terribles efectos de la falta de recursos y servicios asistenciales. La clase media y los pobres deberán organizarse si quieren sobrevivir a la crisis.
La construcción de redes de apoyo mutuo son, en estos casos, muy útiles. Los vecinos en una colonia se organizan para vigilar y protegerse de los delincuentes; en otros casos esas redes sirven para obtener financiamiento, cuidar a los hijos o ahorrar utilizando los vehículos de manera colectiva.
Otra forma de acción son los proyectos de abastecimiento comunitario en los que la población se organiza en cooperativas de consumo, para comprar bienes al mayoreo y después venderlos a ese mismo precio a los demás socios.
Los comedores comunitarios, las guarderías populares, los dispensarios médicos y muchas otras formas de acción colectiva, deberán promoverse en las colonias y comunidades rurales. Las medidas anti crisis, no vienen todas del gobierno.
Este tipo de acciones fortalece el vínculo social y permite construir instituciones de la comunidad para la ayuda mutua. El gobierno federal y de los estados, deberían apoyar este tipo de iniciativas de la sociedad civil, para organizar a las comunidades y fortalecer sus redes de ayuda mutua.
Los diferentes niveles de gobierno, podrían establecer bodegas de víveres no perecedero a las cuales pudieran acceder los ciudadanos organizados para venderlos a precios subsidiados y recuperar parte de lo invertido, lo importante, no solo sería mantener el proyecto, sino fortalecer el vínculo social.
Lo mismo se podría hacer en otros casos, como el orientar a los estudiantes de medicina, odontología y enfermería hacia esos espacios de acción comunitaria, para establecer clínicas administradas por los vecinos, como parte de su trabajo social y como medio para ganarse una beca para continuar con sus estudios.
Las artes pueden ser un medio privilegiado para el encuentro comunitario y la reflexión. Es urgente que la gente pueda recrearse y discutir sus problemas con sus semejantes para conservar la salud mental . Por eso la práctica del deporte es indispensable, mantener el cuerpo y la mente sanas, en tiempos de crisis es una necesidad impuesta por las circunstancias.
Hace ya varios años, participé en un proyecto de cooperativa de consumo. Comprábamos alimentos con una línea de crédito que nos otorgó una empresa estatal. Conseguimos un local en la colonia y por las tardes vendíamos los productos. Nunca olvidaré la cara de alegría de las madres de familia, cuando veían los precios bajos y los kilos bien pesados, todo hecho por sus vecinos; gente a la que ellas conocían bien. Todos los proyectos tienen un ciclo de vida, y al nuestro le llegó su día y cerramos la tienda comunal. Fue una experiencia alentadora, que integró más a la gente que vivíamos en la colonia. Creo que la situación actual nos obliga a retomar nuestras experiencias y volverlas a poner en práctica; porque, insisto, el gobierno aportará parte de la solución, lo demás lo tendremos que hacer nosotros mismos.
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