Oí hablar de Don Andrés Henestrosa un sábado por la mañana en casa de Don Herón N. Ríos. Por aquel entonces, tal vez 1964, cuando apenas tenía nueve años de edad, gustaba de estudiar la Biblia en aquel pequeño recinto que era el recibidor de la casa de los Ríos, que hacía las veces de templo adventista.
Me asomaba entonces a la religión con los ojos asombrados de quien descubre a Dios por sí mismo, digo, leyendo la palabra sagrada sin la mediación de un sacerdote. La familia a la que me sumaba en esos sábados adventistas era la de mi primo Jesús Vicente Vásquez, y era su padre quien nos guiaba al templo, como Moisés al pueblo elegido por el desierto.
Fue uno de esos sábados que, como ya comenté, oí hablar de Don Andrés, quien quizás visitaría Juchitán en plan de reposo o de negocios, no lo sé. Lo cierto es que se hablaba de él con familiaridad y respeto. Su nombre pronto escapó de mi joven memoria, que estaba entonces más ocupada en aprender algún versículo del Viejo Testamento.
Muchos años después, tal vez en 1978, lo vi en persona en el aeropuerto de la ciudad de Oaxaca, y a pesar de que por aquel entonces era un muchacho irreverente, me acerqué a él y lo saludé llamándolo Maestro.
No sé por qué lo hice, pues en aquel año, apenas y había ojeado alguna de sus obras más conocidas: “Los hombres que dispersó la danza” y “Carta a mi Madre”.
Con el tiempo y la adecuada madurez, la figura de Andrés Henestrosa se fue agigantando en mi conciencia. Comencé a leer sus obras con más interés y cuidado. Así me fui adentrando en su vida, si bien a través de libros, artículos y revistas.
Fue por medio de algunos amigos comunes que tuve la oportunidad de acercármele muy pocas veces; pero en ellas tuve la ocasión de escucharlo hablar, disertar sobre algunos tópicos; pero sobre todo, oírlo y verlo bromear como era característico en él.
Tiempo después el tema de Henestrosa comenzó a tener en mí, visos de obsesión. Leía todo lo que se relacionaba con él: sus escritos, las biografías, los relatos anecdóticos, lo escrito acerca de sus amistades y enemistades, y más recientemente, he leído la obra de Margarito Guerra:“Andanzas y Recordanzas”, cuya edición fue hecha por Miguel Ángel Porrúa; obra en la que los chistes e historias, contadas por Don Andrés con tanta amenidad, y recreadas por la pluma de Margarito, no tienen desperdicio .
Fue entonces que se me ocurrió comentar brevemente el contenido de la obra, sin intentar reseñar aquello que no tiene manera de hacerse; porque el lector para disfrutar del libro, tendrá que leerlo. Me propongo apuntar algunas reflexiones que me provocó su lectura.
Andrés Henestrosa nación el 30 de noviembre de 1906, y el 28 de diciembre de 1922, llegó a la Ciudad de México, para consagrar sus primeros 16 años con sufrimiento.
México en aquel entonces era un país recién salido de una revolución violenta, en la que el heroísmo se mezcló con sangre, con la traición y otras bajezas. Un México lleno de esperanzas, un México que buscaba con ansiedad su futuro, pero que sobre todo, buscaba su identidad.
En todos los ámbitos se buscaba renovar a México: en la política intentando construir un nuevo sistema, en la filosofía buscando romper con el positivismo y dar lugar a un pensamiento renovado; pero quizá en el arte fue donde con mayor fuerza se expresó esa búsqueda por construir una nueva identidad.
En el pasado algunos países habían logrado su cometido: la Roma imperial cuyo lenguaje, el latín, se convirtió en sinónimo de sabiduría incluso hasta bien entrado el siglo XVII, mucho después de la caída del Imperio; sufrió sin embargo la arrogancia de la Francia de los Luises que supo imponer al francés como la lengua internacional: la de la diplomacia, y después del arte. Pero el domino del francés no se consolidó hasta el siglo XIX, cuando surgió el movimiento que habría de caracterizar la lucha del arte por el arte.
Fue un movimiento poderoso y embriagante. En el centro de su vorágine perecieron grandes poetas, narradores, pintores y dramaturgos, decididos a morir de hambre y en la más espantosa miseria, antes que ceder a los encantos del poder y del dinero.
Fue sin duda la bohemia francesa la que concluyó el trabajo que las clases ilustradas habían iniciado dos siglos antes. Pero el francés corrió el destino del latín al que había desplazado y pronto otras lenguas europeas, hasta entonces dialectos de un mismo tronco, exigieron su derecho a la expresión artística. Ese fue el caso del alemán. El romanticismo alemán que buscó su veta literaria en sus mitos y folclore, inició prácticamente con la difusión de las ideas de Johann Gottfried Herder, a finales del siglo XVIII.
Herder postulaba un regreso a las fuentes populares: a sus historias locales, a sus mitos y leyendas. Sostenía que el genio literario de los pueblos estaba contenido en su lengua popular y el efecto de estos postulados, se imprimió en las mentes de quienes serían después la expresión más pura de la literatura germana: Hörderlin, Schlegel, Shelling, Hegel, Schleiermacher, Humboldt y otros muchos. (Casanova: 2001)
No intento despreciar la gestión literaria de otras lenguas como el inglés o nuestro propio castellano; pero por el momento me basta con reseñar lo sucedido con el francés y el alemán, para sostener la idea de que en estos países, la identificación de su “núcleo” literario, que en el francés fue el dialecto que se hablaba en la corte de los Luises, y en el alemán la matriz que protegían las tradiciones populares, lo que orientó su desarrollo posterior. Pero lo anterior no fue suficiente, lo que realmente hizo posible la construcción de su corpus literario (Bourdieu:1995), fue la independencia de su República de las Letras, gracias a ese sector de los artistas, en el caso de la literatura, que supo defender su independencia del poder político y del económico y construyó sus propios cánones para valorar lo estético.
Cuando Andrés Henestrosa llegó a México, se había iniciado un movimiento similar en el arte. Grupos de artistas buscaban romper con la tutela de un Estado que, debilitado por la lucha armada, parecía ofrecer un lado flaco que intelectuales y artistas ansiaban aprovechar. Por otro lado, la economía no ofrecía aún grupos poderosos que pudieran imponer sus moldes al desarrollo de las artes.
Estas condiciones, descritas por mí de manera sucinta en exceso, permitieron el nacimiento de grupos germinales, como lo fue el caso de los llamados “Ulises”, en el que militaban Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, y desde luego el inolvidable Salvador Novo, que años después darían forma al grupo de los Contemporáneos.
De igual manera se daba en la pintura con Diego Rivera y sus seguidores y con Manuel Rodríguez Lozano, quien más fiel al intento de independizar a la República de la Pintura, exigía un credo del arte por el arte, en el que él era el Sumo Sacerdote, pero que en su puesta en práctica, provocó, en lo personal, dolorosos dramas sentimentales.
En la filosofía, quizás José Vasconcelos y Antonio Caso representen mejor esos intentos que llamo germinales.
Tengo la impresión de que en México, esos notables esfuerzos no culminaron en la construcción independiente de nuestra República de las Artes, y particularmente la de la Literatura.
El grupo de los Ulises, a pesar del apoyo e impulso que le dio Antonieta Rivas Mercado, no logró establecer una suficiente distancia crítica del poder y después con los dueños del dinero. José Vasconcelos se rebeló ante el poder establecido al punto que lo llevó a intentar una nueva revuelta armada, que afortunadamente, por prudencia o por temor, no llevó a cabo. Con todo, terminó después siendo asimilado por el régimen institucionalizado de la revolución mexicana.
Sólo Manuel Rodríguez Lozano se mantuvo con la trágica firmeza que lo llevó al exilio interior y después a la postergación. De cualquier forma el capullo no llegó a florecer con libertad.
Andrés Henestrosa convivió con todos ellos, y eso hace de su vida uno de los hilos conductores del desarrollo del arte en México, y de su peculiar derrotero. Desde luego, participó activamente en ese heroico esfuerzo por darle vida e independencia a lo que pretendían fuera la República de las Letras Mexicanas.
“Los Hombres que dispersó la danza”, parecen responder al llamado de Herder de un retorno a la matriz popular, y no sólo se observa en el caso de la Opera Prima de Andrés Henestrosa; muchos otros movimientos artísticos en el México de esa época presentan esa semejanza. Quizá el primero fue ese intento de construir lo que se llama la Novela de la Revolución, que en una situación de anomia nacional, algunos intentaron construir una nueva estética y un nuevo contenido para la incipiente novela mexicana ( Aguilar Mora: 1990)
Las otras obras propiamente literarias de Henestrosa, parecen responder a otra matriz histórica. Pero no es mi intención realizar un análisis crítico de la literatura en México, sino destacar sólo un detalle:
El denominador común de esa generación es su alta sensibilidad y maestría en el uso del chiste y la ironía, que poco usaron para construir su literatura, aunque Novo pudiese ser en cierta forma la excepción, pero que emplearon cotidianamente para tejer sus propias relaciones. La generación del chiste, los llamó Rubén Salazar Mallén para denigrarlos.(Bencomo:2001)
Llama poderosamente mi atención esa actitud ante la vida. Pareciera ser la forma en como Andrés Henestrosa y su generación, ante la imposibilidad de lograr su independencia, deciden adoptar una actitud atípica y en ocasiones escandalosa ( Lourau: 1980) cuya expresión, al igual que en la Ilustración, es la ironía, transformada por nuestro carácter en el chiste.
Frente al orden establecido esos jóvenes se alzaron ridiculizándolo, poniéndose de cara a su intento de controlarlo todo. Salvador Novo, por ejemplo, quien con su poesía de hermosa delicadeza y cortante filo a veces, puso en la picota al régimen opresivo que surgió de la revolución. El más inteligente y propositivo fue Jorge Cuesta; también duro crítico de los que creían hacer literatura cuando sólo reproducían las costumbres aceptadas por los generales revolucionarios.
Nuestra literatura buscaba entonces construir su identidad a partir de la crítica a veces libidinal, a veces ideologizada, a veces con la intensión de regresar al mecenazgo, a veces a partir del aislamiento. Como quiera que haya sido, fueron esos jóvenes que en México intentaban demarcarse de lo establecido, escribiendo y llevando una vida que retaba constantemente a la moral de la naciente burguesía mexicana.
Pero a esos jóvenes rebeldes les faltaba algo que Andrés Henestrosa poseía de modo personal e íntimo: su desapego por todo lo material, su renuncia a pertenecer a un lugar que no le correspondía, su desenfado ante una vida llena de sufrimientos, pero sobre todo, esa natural ironía que le permitía burlarse de todo, hasta de sí mismo.
Andrés Henestrosa no buscaba usar el arte para construir una bohemia que, incluso por su origen indígena, le resultaba ajena. Así como los literatos, pintores, escultores y otros artistas, establecieron la bohemia europea como símbolo de la independencia del arte frente al poder, en la Francia del siglo XIX, así Andrés impuso un modo de vida con un estilo que sería después, el canon de lo bohemio para muchos artistas mexicanos.
Pero es en el nudo que constituyó la existencia de Andrés, en donde a partir de las relaciones y situaciones vividas, que el espíritu de rebeldía afloraba con espontaneidad freudiana, en forma de chiste o del trato irónico que se le daban con pasmosa facilidad.
No habrá que ver, en las bromas y forma de trato de Henestrosa, otra cosa que su especial manera de destrozar a un mundo hostil y recrearlo a modo de disfrutar con autenticidad su vida de artista, su manera de coexistir con la literatura.
Por eso, aquella frase de que “Andrés nos destroza”, que se arrojó desde la tribuna de una juventud obcecada, con la que después se reconciliaría, terminó siendo la fórmula que sintetiza el sentimiento de cobardía de quienes no nos atrevemos a practicar el arte de la vida como lo hizo Andrés.
El sentido irónico de su conducta se manifestó muy temprano en su juventud. Desde cuando José Vasconcelos le preguntó por Montenegro, que se encontraba hospitalizado y de quien afirmó que era de una constitución fuerte, a lo que el joven Andrés respondió: “Desde luego, es de la constitución del 57”.
O cuando su entrañable amigo Alí Chumacero se encontraba postrado con un pie enyesado y con aparente irreverencia le preguntó: ¿Alí y ahora cómo harás para escribir?
O cuando dictó la versión de su biografía, en donde a cada párrafo le guiña el ojo al lector diciendo, por ejemplo, que de niño y en las noches de luna, le gustaba subir a las altas montañas que rodean su pueblo, cuando quienes conocemos Ixhuatán, sabemos que sólo tiene, si acaso, algunas pequeñas lomas.
Andrés era un iconoclasta que, al contrario de Víctor Hugo, destruía su propio mito: Andrés Henestrosa.
Dijo un día que siempre había sido un vago y lo seguía siendo, o que estaba por escribir la página que lo haría inmortal. Su actitud básica era la ironía. Tanto, que alguno de sus amigos intelectuales pensaban que nada se tomaba en serio.
Y en efecto, no quería nada con ese tipo de “seriedad” de la llamada “gente de razón”, que vive con el temor de que el dinero le alcance para terminar el mes, que sueña con ser poderoso para cumplir con sus deseos inconfesables, que ensalza a su jefe y hasta le llama “mi padre”, que predica una moral que en secreto detesta y que con gusto se lanzaría a una vida desenfrenada si tuviera el valor de hacerlo. No es esa la “seriedad” que vi en Andrés.
Otros aún le reclaman su posterior entrega al poder. Y es verdad, la pobreza y los sufrimientos que soportó con estoicismo, no los quería para su esposa y su hija. Cuando declaró lo anterior, que tenia tintes de confesión, terminó ironizando como siempre al decir: “es que López Mateos, prometió hacerme gobernador del estado de Oaxaca.”
Indagar con profundidad el sentido del chiste y la ironía en Andrés Henestrosa, quizá permita comprender en parte, por qué la literatura mexicana, no logró constituir un campo autónomo frente al Estado y el poder Económico. Por qué muchos de nuestros artistas no pueden vivir fuera del alcance del Ogro filantrópico. ¿Qué le hace falta a la República Mexicana de nuestras Letras para alcanzar el estatus sublime de una literatura comprometida con ella misma y sus creadores?
No lo sé, sin embargo, si tuviera que escribir los nombres de los próceres que intentaron la primera revolución de independencia de nuestra literatura, sin duda incluiría a Don Andrés Henestrosa.
Ese es el sentido de la ironía y del chiste en ese istmeño ejemplar. Algo de ello encontrarán en el libro que les mencioné de Margarito Guerra.
Guerra, Margarito. Andanzas y Recordanzas. Miguel Angel Porrúa. 2008
Casanova, Pascale. La república mundial de las letras. Editorial Anagrama. 2001.
Bourdieu, Pierre. Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Editorial Anagrama.1995
Aguilar Mora, Jorge. Una muerte sencilla, justa, eterna. Cultura y guerra durante la revolución mexicana. Editorial Era. 1990.
Cruz Bencomo, Adán. Henestrosa, nombre y renombre. Editorial Diana. 2001.
Lourau, René. El Estado y el inconsciente. Ensayo de sociología política. Editorial Kairós. 1980.
viernes, 20 de marzo de 2009
viernes, 6 de marzo de 2009
¡MEJOREMOS LA POLÍTICA!
Hace unos días, un amigo mío dedicado a la política y al gobierno, se quejaba de que en México la situación iba de mal en peor, y que era necesaria una reforma profunda, sino es que una verdadera revolución para que las cosas comenzaran a mejorar.
Sus lamentaciones me hicieron reflexionar acerca de algo que me dijo: es necesario ampliar la participación de los ciudadanos en la construcción de sus gobiernos.
Me pidió que pensara al respecto y que volviéramos a platicar después. Como el tema me motivó profundamente, pero no soy experto en la materia, ni mucho menos, le prometí darle mi opinión, y sólo mi simple opinión al respecto.
Lo que sigue, son algunas de mis reflexiones:
1. En las democracias modernas, los gobiernos se integran principalmente a partir de dos subsistemas: el de las instituciones existentes y el de los partidos políticos. El resto de los subsistemas sociales está constituido por instituciones y organizaciones que forman parte de la sociedad civil o económica, y que en la tradición sociológica y jurídica se identificaban antes con lo privado.
2. En el modelo democrático de construcción de gobierno, mediante un subsistema de partidos políticos, se parte de cuatro supuestos principales:
a. Los partidos políticos son de interés público, en tanto representan intereses de un sector de la ciudadanía, que se organiza en él para construir el gobierno.
b. Los partidos políticos, en su régimen interno, son también democráticos como el sistema que les da vigencia; porque si no lo fueran, perderían la capacidad de representar al sector de la ciudadanía, cuyos intereses presuntamente asumen como propios.
c. La competencia entre los partidos que pretenden construir el gobierno, es justa y perfecta, es decir se da entre iguales y se regula a todos por igual, sin interferencias extrañas.
d. El subsistema de los partidos, es eficiente y eficaz para los fines de la sociedad; es decir, económico, moralmente aceptable, legalmente viable y con él se logran construir buenos gobiernos.
3. Una revisión del estado de estos cuatro supuestos en México, llevaría a la conclusión, que en efecto, nuestro subsistema de partidos políticos no los cumple:
a. Se observa que, al interior de los partidos, no existe una vida democrática en la integración de sus órganos de dirección, ni en la elección de sus candidatos para la construcción de gobiernos; por lo que no se cumple el supuesto (b) y por tanto tampoco el (a). Por este sólo hecho, en un análisis o evaluación de los partidos políticos, se justificaría que perdieran su naturaleza de instituciones de interés público.
b. Aún cuando en el estado del supuesto (c) se han tenido avances importantes, el marco normativo actual no permite afirmar que el proceso de competencia entre los partidos sea plenamente justo y se dé en condiciones de total equidad. Esto significa que los procesos electorales no reflejan exclusivamente la voluntad ciudadana; sino la influencia de otros factores que no pertenecen al subsistema, y que se sirven de él para sus propios fines y no para construir buenos gobiernos.
c. Independientemente de que el inciso (b) permite concluir que el actual subsistema de partidos no facilita el construir buenos gobiernos, existen además otras cuestiones: ¿Con cuántos partidos el subsistema funcionaría de manera eficiente y eficaz? ¿Cuál es el monto que el subsistema económico debe transferir al político, para que el subsistema de partidos se considere eficiente? ¿Cuál es el código ético que hace al subsistema de partidos políticos aceptable para la construcción de buenos gobiernos? Estas y otras preguntas están en México sin respuestas.
4. Existen otros modelos para formar buenos gobiernos, en ellos se sustituye a los partidos por procesos organizados desde la sociedad civil. Estos modelos se basan en procesos de selección de “abajo” hacia “arriba”, para integrar organismos colegiados de representación política de la ciudadanía, tomando como base la territorialidad: barrio, agencia, municipio, región, estado y nación. La competencia en estos subsistemas se da entre ciudadanos de manera directa, ya que su punto de partida es el barrio, un territorio pequeño en el que todos se conocen. Una vez que se integra la representación política del barrio, ésta compite en el nivel siguiente y así sucesivamente. En cada nivel, con los representantes electos, se integra un gobierno de barrio, agencia, municipio, estado o nación, designando a cada representante un cargo. Los supuestos en los que se basa este modelo democrático son los siguientes:
a. Los individuos de una sociedad tienen, motu propio, interés en representar a sus conciudadanos y formar parte del gobierno del nivel territorial en el que compiten.
b. La competencia entre los individuos, independientemente del nivel en el que se da, es justa y perfecta.
c. La sucesiva exclusión de los ciudadanos elegibles, en el proceso de elección por niveles, no disminuye la representatividad, sino la depura y mejora.
d. Al combinar el proceso de integración de representatividad, con el de formación de buenos gobiernos, hace que este modelo sea altamente eficiente y eficaz.
5. Una revisión superficial de los países donde opera un modelo semejante a éste, permite apreciar lo siguiente:
a. Los individuos no siempre tienen interés en participar y menos en representar intereses de sus conciudadanos y gobernar. Por eso en estos países se da énfasis a la educación política, ya que el supuesto primero no se cumple plenamente.
b. El segundo supuesto es aún más difícil de cumplir, en la medida en que la representación se integra en ámbitos cada vez más exclusivos, se corre el riesgo de que grupos minoritarios controlen todo el proceso al tener acceso a los recursos del poder. Lo anterior, permite afirmar que, en ese sentido, el supuesto ( c ) no se cumple plenamente.
c. El supuesto ( d ) hace muy atractivo este modelo porque, en efecto, es mucho más eficiente y eficaz; el problema es que a largo plazo, esas cualidades se pierden cuando en la cúpula se constituyen grupos privilegiados y la democracia inicial adquiere rasgos de dictadura.
6. El tercer modelo de sociedad democrática es el llamado neocorporativo. Este modelo parte de que el solo subsistema de partidos no es suficiente, porque no logra cumplir todos sus supuestos, y por tanto no permite construir buenos gobiernos. En este modelo, para superar las deficiencias de los partidos, se organizan o reconocen, agrupaciones o grupos de interés, es decir organizaciones sociales, no políticas, sino económicas, religiosas o de cualquier otro tipo, que se instituyen para defender sus intereses y a los cuales, el gobierno legítimo, les confiere ciertas atribuciones, que anteriormente eran facultades reservadas al gobierno legal y legítimamente constituido. De esta manera, dichas organizaciones se convierten en “gobiernos privados”, que son capaces de constituirse en interlocutores colectivos del gobierno y responsables ante la sociedad de sus decisiones y actuaciones, y ya no como “poderes ocultos” o “grupos de presión”. En algunos países de Europa, se ha observado una tendencia a utilizar este modelo. Los supuestos del mismo, además de los atribuidos al modelo de los sistemas de partido son los siguientes:
a. Los grupos de interés, pueden autoregularse de modo que no lesionan los intereses del resto de la sociedad.
b. Su vida interna, no necesariamente democrática, sino meritocrática, plutocrática o hierocrática, no afecta la representación de sus intereses.
c. Fortalece la construcción de buenos gobiernos, en tanto descarga responsabilidades ejecutivas de la burocracia Estatal, y acepta las suyas ante la sociedad y el orden jurídico establecido.
d. Su eficacia, no depende de su eficiencia, sino del equilibrio que se establezca con el resto de la sociedad, es decir, de que se cumpla el supuesto (a)
7. No existen aún experiencias que puedan ser evaluadas como regímenes políticos totalmente neocorporativos.
8. Llamaremos al primer modelo, modelo democrático de partidos políticos. Al segundo, modelo democrático de consejos populares, y al tercero modelo democrático neocorporativo.
9. Cada uno de ellos presenta restricciones a la participación ciudadana directa, en la construcción de buenos gobiernos. Quizás lo más recomendable, sería concebir un proceso de perfeccionamiento democrático de la sociedad, considerando sus posibles combinaciones como “etapas” que permitieran, a la sociedad en evolución, adoptar aquella que le fuera más eficiente y eficaz para la construcción de buenos gobiernos.
Con lo anterior, no afirmo que esto soluciones el problema del desarrollo y el bienestar de la población, en el que intervienen otros subsistemas de la sociedad; sino el asunto exclusivo de formar buenos gobiernos, es decir, aquellos que siendo eficientes y eficaces en el cumplimiento de sus encomiendas, representan al interés de la sociedad en su conjunto; todo ello en mayor o menor grado, pero siempre en estricto apego al orden jurídico.
No creo resolver con esto la inquietud y preocupación de mi amigo; pero creo que, sin ninguna otra pretensión, podría dar lugar a otra charla amena.
Sus lamentaciones me hicieron reflexionar acerca de algo que me dijo: es necesario ampliar la participación de los ciudadanos en la construcción de sus gobiernos.
Me pidió que pensara al respecto y que volviéramos a platicar después. Como el tema me motivó profundamente, pero no soy experto en la materia, ni mucho menos, le prometí darle mi opinión, y sólo mi simple opinión al respecto.
Lo que sigue, son algunas de mis reflexiones:
1. En las democracias modernas, los gobiernos se integran principalmente a partir de dos subsistemas: el de las instituciones existentes y el de los partidos políticos. El resto de los subsistemas sociales está constituido por instituciones y organizaciones que forman parte de la sociedad civil o económica, y que en la tradición sociológica y jurídica se identificaban antes con lo privado.
2. En el modelo democrático de construcción de gobierno, mediante un subsistema de partidos políticos, se parte de cuatro supuestos principales:
a. Los partidos políticos son de interés público, en tanto representan intereses de un sector de la ciudadanía, que se organiza en él para construir el gobierno.
b. Los partidos políticos, en su régimen interno, son también democráticos como el sistema que les da vigencia; porque si no lo fueran, perderían la capacidad de representar al sector de la ciudadanía, cuyos intereses presuntamente asumen como propios.
c. La competencia entre los partidos que pretenden construir el gobierno, es justa y perfecta, es decir se da entre iguales y se regula a todos por igual, sin interferencias extrañas.
d. El subsistema de los partidos, es eficiente y eficaz para los fines de la sociedad; es decir, económico, moralmente aceptable, legalmente viable y con él se logran construir buenos gobiernos.
3. Una revisión del estado de estos cuatro supuestos en México, llevaría a la conclusión, que en efecto, nuestro subsistema de partidos políticos no los cumple:
a. Se observa que, al interior de los partidos, no existe una vida democrática en la integración de sus órganos de dirección, ni en la elección de sus candidatos para la construcción de gobiernos; por lo que no se cumple el supuesto (b) y por tanto tampoco el (a). Por este sólo hecho, en un análisis o evaluación de los partidos políticos, se justificaría que perdieran su naturaleza de instituciones de interés público.
b. Aún cuando en el estado del supuesto (c) se han tenido avances importantes, el marco normativo actual no permite afirmar que el proceso de competencia entre los partidos sea plenamente justo y se dé en condiciones de total equidad. Esto significa que los procesos electorales no reflejan exclusivamente la voluntad ciudadana; sino la influencia de otros factores que no pertenecen al subsistema, y que se sirven de él para sus propios fines y no para construir buenos gobiernos.
c. Independientemente de que el inciso (b) permite concluir que el actual subsistema de partidos no facilita el construir buenos gobiernos, existen además otras cuestiones: ¿Con cuántos partidos el subsistema funcionaría de manera eficiente y eficaz? ¿Cuál es el monto que el subsistema económico debe transferir al político, para que el subsistema de partidos se considere eficiente? ¿Cuál es el código ético que hace al subsistema de partidos políticos aceptable para la construcción de buenos gobiernos? Estas y otras preguntas están en México sin respuestas.
4. Existen otros modelos para formar buenos gobiernos, en ellos se sustituye a los partidos por procesos organizados desde la sociedad civil. Estos modelos se basan en procesos de selección de “abajo” hacia “arriba”, para integrar organismos colegiados de representación política de la ciudadanía, tomando como base la territorialidad: barrio, agencia, municipio, región, estado y nación. La competencia en estos subsistemas se da entre ciudadanos de manera directa, ya que su punto de partida es el barrio, un territorio pequeño en el que todos se conocen. Una vez que se integra la representación política del barrio, ésta compite en el nivel siguiente y así sucesivamente. En cada nivel, con los representantes electos, se integra un gobierno de barrio, agencia, municipio, estado o nación, designando a cada representante un cargo. Los supuestos en los que se basa este modelo democrático son los siguientes:
a. Los individuos de una sociedad tienen, motu propio, interés en representar a sus conciudadanos y formar parte del gobierno del nivel territorial en el que compiten.
b. La competencia entre los individuos, independientemente del nivel en el que se da, es justa y perfecta.
c. La sucesiva exclusión de los ciudadanos elegibles, en el proceso de elección por niveles, no disminuye la representatividad, sino la depura y mejora.
d. Al combinar el proceso de integración de representatividad, con el de formación de buenos gobiernos, hace que este modelo sea altamente eficiente y eficaz.
5. Una revisión superficial de los países donde opera un modelo semejante a éste, permite apreciar lo siguiente:
a. Los individuos no siempre tienen interés en participar y menos en representar intereses de sus conciudadanos y gobernar. Por eso en estos países se da énfasis a la educación política, ya que el supuesto primero no se cumple plenamente.
b. El segundo supuesto es aún más difícil de cumplir, en la medida en que la representación se integra en ámbitos cada vez más exclusivos, se corre el riesgo de que grupos minoritarios controlen todo el proceso al tener acceso a los recursos del poder. Lo anterior, permite afirmar que, en ese sentido, el supuesto ( c ) no se cumple plenamente.
c. El supuesto ( d ) hace muy atractivo este modelo porque, en efecto, es mucho más eficiente y eficaz; el problema es que a largo plazo, esas cualidades se pierden cuando en la cúpula se constituyen grupos privilegiados y la democracia inicial adquiere rasgos de dictadura.
6. El tercer modelo de sociedad democrática es el llamado neocorporativo. Este modelo parte de que el solo subsistema de partidos no es suficiente, porque no logra cumplir todos sus supuestos, y por tanto no permite construir buenos gobiernos. En este modelo, para superar las deficiencias de los partidos, se organizan o reconocen, agrupaciones o grupos de interés, es decir organizaciones sociales, no políticas, sino económicas, religiosas o de cualquier otro tipo, que se instituyen para defender sus intereses y a los cuales, el gobierno legítimo, les confiere ciertas atribuciones, que anteriormente eran facultades reservadas al gobierno legal y legítimamente constituido. De esta manera, dichas organizaciones se convierten en “gobiernos privados”, que son capaces de constituirse en interlocutores colectivos del gobierno y responsables ante la sociedad de sus decisiones y actuaciones, y ya no como “poderes ocultos” o “grupos de presión”. En algunos países de Europa, se ha observado una tendencia a utilizar este modelo. Los supuestos del mismo, además de los atribuidos al modelo de los sistemas de partido son los siguientes:
a. Los grupos de interés, pueden autoregularse de modo que no lesionan los intereses del resto de la sociedad.
b. Su vida interna, no necesariamente democrática, sino meritocrática, plutocrática o hierocrática, no afecta la representación de sus intereses.
c. Fortalece la construcción de buenos gobiernos, en tanto descarga responsabilidades ejecutivas de la burocracia Estatal, y acepta las suyas ante la sociedad y el orden jurídico establecido.
d. Su eficacia, no depende de su eficiencia, sino del equilibrio que se establezca con el resto de la sociedad, es decir, de que se cumpla el supuesto (a)
7. No existen aún experiencias que puedan ser evaluadas como regímenes políticos totalmente neocorporativos.
8. Llamaremos al primer modelo, modelo democrático de partidos políticos. Al segundo, modelo democrático de consejos populares, y al tercero modelo democrático neocorporativo.
9. Cada uno de ellos presenta restricciones a la participación ciudadana directa, en la construcción de buenos gobiernos. Quizás lo más recomendable, sería concebir un proceso de perfeccionamiento democrático de la sociedad, considerando sus posibles combinaciones como “etapas” que permitieran, a la sociedad en evolución, adoptar aquella que le fuera más eficiente y eficaz para la construcción de buenos gobiernos.
Con lo anterior, no afirmo que esto soluciones el problema del desarrollo y el bienestar de la población, en el que intervienen otros subsistemas de la sociedad; sino el asunto exclusivo de formar buenos gobiernos, es decir, aquellos que siendo eficientes y eficaces en el cumplimiento de sus encomiendas, representan al interés de la sociedad en su conjunto; todo ello en mayor o menor grado, pero siempre en estricto apego al orden jurídico.
No creo resolver con esto la inquietud y preocupación de mi amigo; pero creo que, sin ninguna otra pretensión, podría dar lugar a otra charla amena.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Nueva Comandancia General Templaria en México

El sábado 15 de noviembre de este año, se constituyó en la Ciudad de México, la Gran Comandancia General de la Orden de Caballeros Templarios de México, gran potencia masónica del rito York.
Como Eminente Gran Comandante fue electo el Señor Caballero Templario (SKT) Octavio Casamadrid Mata, como Gran Capitán General el Dr. Sergio Fishleder (SKT), como Gran Tesorero el Caballero Templario Rafael A. Domínguez López y como Gran Secretario el SKT Cuauhtemoc Salazar Jarero, entre otros altos dignatarios.
Al solemne acto asistió, en representación de la Gran Comandancia General de la Orden de Caballeros Templarios de los Estados Unidos de Norteamérica, el Gran Secretario, SKT Lawrence E. Tuker.
La Gran Comandancia General de dicha orden, renovó una vez más, en paz, armonía y fraternidad, a los altos dignatarios que conducen a quienes son caballeros templarios en la masonería de York.
El acto es por demás significativo, en tanto fortalece a la masonería en México, en su vertiente más liberal; considerando sobre todo los días aciagos que vivimos ahora en nuestro país. Nada hay como la esperanza de que ciudadanos mexicanos, con una alta conciencia de su responsabilidad para con la patria, consoliden sus trabajos a pesar de la grandes dificultades que, por cierto, han afrontado con éxito. Ese fue precisamente el mensaje del Gran Secretario de la Orden en los Estados Unidos: el deseo de que los esfuerzos fructifiquen en unidad y armonía.
Oaxaca estuvo presente en el importante evento, con la participación de seis Excelentes Masones, quienes poseen el más alto grado del Rito de York en nuestro estado.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
ANTE LA TRAGEDIA, LA UNIDAD NACIONAL
El día de ayer, 4 de noviembre, falleció el secretario de gobernación Juan Camilo Mouriño, amigo y cercano colaborador del Presidente Felipe Calderón. En el accidente aéreo, murieron otras once personas, miembros de la tripulación, funcionarios de la secretaría y transeúntes; otros afectados, al menos veinte más, se encuentran hospitalizados y no se descarta la posibilidad de que otros fallezcan.
Ayer mismo el Presidente dirigió un mensaje al país, en el que lamentó lo sucedido y convocó a continuar trabajando hasta lograr los propósitos fijados.
Felipe Calderón, aunque consternado, no mostró indecisión ni temor. Su voz, trémula, sonó también clara, como lo fueron los compromisos que en el momento asumió de cara a la nación.
Pero lo que se dice del Presidente, no se puede afirmar del ciudadano común. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los que se enteraron al momento. Quienes lo hacen hoy, no serán inmunes al desconcierto y al temor. Por eso mismo es importante que las causas de la tragedia sean investigadas exhaustivamente, y los resultados presentados con claridad y suficiencia a la ciudadanía. La confianza de la población en su gobierno, y tener una propuesta clara de acción, son condiciones clave en estos momentos.
El peor error sería ocultar información sobre lo ocurrido. La sociedad está madura para conocer lo que sea necesario; de otra manera, el temor y la especulación darán paso a la desconfianza y al reproche, cuando lo que se necesita ahora es la unidad activa de la nación.
El Presidente tomará la difícil decisión de nombrar a quien sustituya a Juan Camilo Mouriño en el cargo. El que sea designado para el cargo, tendrá frente a él un panorama nacional complicado: una crisis económica internacional que tendrá repercusiones en la gobernabilidad del país; el crimen organizado podría ver en lo sucedido a un Estado vulnerable y repuntar; la oposición al gobierno, verá una oportunidad para presionar y negociar posiciones la víspera de un año de elecciones federales; pero lo principal será superar la crisis económica, mantener el estado de derecho y construir la unidad nacional.
Por lo pronto, el equipo que investigue lo sucedido en el desastre aéreo, deberá manejarse con transparencia y no excluir ninguna hipótesis en la explicación del hecho. Podría incluso ser conveniente que una comisión del congreso federal, le dé seguimiento a todo el proceso y presente un informe en su momento. El objetivo deberá ser siempre darle confianza a la población de que, a pesar de lo difícil de la situación, su gobierno se conduce con transparencia, claridad de propósitos y firmeza en sus decisiones.
Las fuerzas políticas del país deben contribuir a la unidad nacional, a la reforma y fortalecimiento del Estado, que al final de cuentas es la nave que pretenden legítimamente conducir, y sería un despropósito aprovechar cualquier circunstancia para debilitarlo.
Nuestro más sentido pésame al Presidente y a los familiares de los fallecidos. Conservar la calma, mantenernos informados, opinar con libertad, respetar las leyes en el ejercicio de nuestros derechos ciudadanos, y trabajar con intensidad, por nuestras familias y el país, es lo que nos toca hacer a todos.
Ayer mismo el Presidente dirigió un mensaje al país, en el que lamentó lo sucedido y convocó a continuar trabajando hasta lograr los propósitos fijados.
Felipe Calderón, aunque consternado, no mostró indecisión ni temor. Su voz, trémula, sonó también clara, como lo fueron los compromisos que en el momento asumió de cara a la nación.
Pero lo que se dice del Presidente, no se puede afirmar del ciudadano común. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los que se enteraron al momento. Quienes lo hacen hoy, no serán inmunes al desconcierto y al temor. Por eso mismo es importante que las causas de la tragedia sean investigadas exhaustivamente, y los resultados presentados con claridad y suficiencia a la ciudadanía. La confianza de la población en su gobierno, y tener una propuesta clara de acción, son condiciones clave en estos momentos.
El peor error sería ocultar información sobre lo ocurrido. La sociedad está madura para conocer lo que sea necesario; de otra manera, el temor y la especulación darán paso a la desconfianza y al reproche, cuando lo que se necesita ahora es la unidad activa de la nación.
El Presidente tomará la difícil decisión de nombrar a quien sustituya a Juan Camilo Mouriño en el cargo. El que sea designado para el cargo, tendrá frente a él un panorama nacional complicado: una crisis económica internacional que tendrá repercusiones en la gobernabilidad del país; el crimen organizado podría ver en lo sucedido a un Estado vulnerable y repuntar; la oposición al gobierno, verá una oportunidad para presionar y negociar posiciones la víspera de un año de elecciones federales; pero lo principal será superar la crisis económica, mantener el estado de derecho y construir la unidad nacional.
Por lo pronto, el equipo que investigue lo sucedido en el desastre aéreo, deberá manejarse con transparencia y no excluir ninguna hipótesis en la explicación del hecho. Podría incluso ser conveniente que una comisión del congreso federal, le dé seguimiento a todo el proceso y presente un informe en su momento. El objetivo deberá ser siempre darle confianza a la población de que, a pesar de lo difícil de la situación, su gobierno se conduce con transparencia, claridad de propósitos y firmeza en sus decisiones.
Las fuerzas políticas del país deben contribuir a la unidad nacional, a la reforma y fortalecimiento del Estado, que al final de cuentas es la nave que pretenden legítimamente conducir, y sería un despropósito aprovechar cualquier circunstancia para debilitarlo.
Nuestro más sentido pésame al Presidente y a los familiares de los fallecidos. Conservar la calma, mantenernos informados, opinar con libertad, respetar las leyes en el ejercicio de nuestros derechos ciudadanos, y trabajar con intensidad, por nuestras familias y el país, es lo que nos toca hacer a todos.
martes, 22 de abril de 2008
ESQUIZOFRENIA NACIONAL
He llegado a creer que la mejor manera de comunicarme con el resto de mis semejantes, al menos en México, es empleando el lenguaje de los esquizofrénicos. No lo digo porque me enteré, por la agencia “Prensa Latina”, que se estima que 25 millones de mexicanos padecen algún tipo de desorden de conducta, depresión o ansiedad, hay otra razón. Han de saber que los que sufren alguna de las llamadas enfermedades mentales, en realidad manifiestan una profunda inconformidad con lo que sucede en su entorno. Desde luego, me refiero a los padecimientos que no tienen su causa en alguna disfunción bioquímica, fisiológica o anatómica de su cuerpo que les produzca dolor o malestar.
Hasta el siglo XIX, los enfermos eran aquellos que sufrían alguna de las disfunciones físicas que antes mencioné y el papel de los médicos para con ellos era recuperar el buen funcionamiento del cuerpo y tratar de conservarlo. No faltaban entonces quienes para escapar de las responsabilidades cotidianas o de las miserias de la vida que les tocó vivir, fingieran estar enfermos para que, al menos por un tiempo, les fueran condonadas sus diarias penalidades. Claro que cuando eran descubiertos, la vergüenza y los castigos eran su destino.
A fines del siglo XIX el famoso neurólogo Charcot, a la postre maestro de Freud, observó que algunos de sus pacientes sufrían de un mal hasta entonces tomado como un mero fingimiento o, en el peor de los casos como un misterio. En efecto, la llamada histeria de conversión adquirió entonces el carácter de enfermedad y con ello surgió la categoría de enfermedad mental que dio origen a la moderna psiquiatría y al psicoanálisis.
Hay quienes afirman (el lector podría consultar para el caso a: Thomas S. Szasz. El mito de la enfermedad mental. Amorrortu Editores) que las llamadas enfermedades mentales no son tales; que en realidad lo que existe es una disfunción en la comunicación.
De acuerdo con esta interesante teoría, los enfermos mentales son en realidad seres humanos que sufren una profunda inconformidad con su rol y las circunstancias de su existencia y optan, a veces sin plena consciencia, por parecer “enfermos” y expresan su inconformidad con los síntomas propios de lo que se llama enfermedad mental. Esos síntomas son entonces, y bajo esas circunstancias, un lenguaje peculiar que busca interlocución. Así, el papel, no del médico, sino del psico-sociólogo sería el de interpretar el significado de ese lenguaje para poder interactuar con el sujeto y regresarlo a su anterior funcionalidad o bien a una disfuncionalidad conciente.
Autores como Szasz, Huizinga, Becker y otros, afirman que la vida humana es un juego que se vive como drama. Al jugar todos el rol que nos corresponde, constituimos la cotidiana normalidad que nos caracteriza. Cuando alguien, en lo más íntimo de su ser no es capaz de rebelarse concientemente contra el rol o el tipo de juego que le fue destinado, se rehúsa asumiendo la atipicidad de la neurosis o de otro tipo de locura.
Observo en la vida nacional algo semejante a esos juegos de locura y no hablo de los 25 millones de mexicanos con algún tipo de padecimiento mental, sino de Andrés Manuel López Obrador quien rechaza, no sólo a las instituciones republicanas, sino también al juego dramático de la vida normal, para asumir roles imaginarios, (“Presidente legítimo”) construyendo un juego esquizoide al que lo acompañan no pocos compatriotas que imaginan salvar a la patria y otras demencias .
A diferencia de un rebelde que asume su inconformidad de manera conciente, sin asumir papeles ficticios y efectuar rituales fantasiosos, a Andrés Manuel López Obrador parece fascinarle la parafernalia esquizoide.
Hace unos días publiqué un artículo que hacía referencia al secuestro del congreso; en él me refería a Andrés Manuel como orate. Una buen amigo mío me observó lo desmesurado del tono, le contesté que no traté de ofender, que intenté una especie de diagnóstico heterodoxo frente a un fenómeno inusual; hago lo mismo hoy con mi amable lector: no intento diagnosticar la locura de nadie, ni mucho menos hacer psicoanálisis light. Me consterna lo que observo y al no encontrar racionalidad alguna, me pareció conveniente ensayar otros enfoques para satisfacer mi muy particular curiosidad.
En Oaxaca observo cosas similares, juegos de locura. Un periodista oaxaqueño de gran valer dijo: para vivir en Oaxaca hay que estar, borracho, drogado o loco. Le doy la razón. Todas las reglas del juego normal de la vida en sociedad son rechazadas por un grupo de personas que juegan su propio juego. Las leyes incluso, vistas como un subsistema de normas del gran juego de la vida, no son respetadas. Un compadre cubano me dijo con su graciosa manera de hablar: chico, en Oaxaca no se respeta ni la ley de la gravedad.
Invito al lector a que dedique un poco de su tiempo a analizar todo aquello que en Oaxaca está fuera de lo que pudiera considerarse “normal” y verá el juego perverso al que algunos esquizoides nos quieren someter. No es un llamado a la rebelión el que hacen, pues son parte indisoluble de lo que dicen odiar, ¿se odian a ellos mismos o aman a su enemigo? No lo sé; pero cuando en esa aparente doble personalidad los veo en el gobierno, tampoco llaman a respetar el orden, las leyes o a las más elementales normas de convivencia; por el contrario, llaman a la simulación, al arreglo ilegal, al negocio con ventaja, al tráfico de influencias, a todo, menos a respetar lo que desde su posición sería de esperar: la ley.
Bajo el influjo de estas psicóticas consideraciones, me imaginé sentado viendo esta tragicomedia que hoy vive nuestro país, cada lunático con su juego con el que parecen divertirse mucho; sólo que en esta olimpiada de locura, las víctimas, como siempre, son los más vulnerables, a quienes no les queda más que jugar con su desgracia y es entonces que se me quitan las ganas de aplaudir.
Pero si el lector quiere dejar de ver, al menos por un rato, todo esto que está pasando, lo invito a leer una novela extraordinaria: El mago (editorial Anagrama). En ella J. Fowles, su autor, narra la historia de Nicolás Urfe, un joven profesor de inglés egresado de Oxford, quien se va a una isla griega a impartir sus conocimientos. En ella conoce a Mr. Conchis, personaje extraño y misterioso que poco a poco lo va a sumergir en un juego apasionante que llega a parecerse tanto a la realidad, que ni los personajes ¡ni el lector! pueden ya diferenciar.
Le aseguro que va a disfrutar esa obra, tendrá además la tranquilidad de que la locura que eventualmente pueda vivir con su lectura elevará su espíritu, en lugar de envilecerlo con esta realidad de orates.
Hasta el siglo XIX, los enfermos eran aquellos que sufrían alguna de las disfunciones físicas que antes mencioné y el papel de los médicos para con ellos era recuperar el buen funcionamiento del cuerpo y tratar de conservarlo. No faltaban entonces quienes para escapar de las responsabilidades cotidianas o de las miserias de la vida que les tocó vivir, fingieran estar enfermos para que, al menos por un tiempo, les fueran condonadas sus diarias penalidades. Claro que cuando eran descubiertos, la vergüenza y los castigos eran su destino.
A fines del siglo XIX el famoso neurólogo Charcot, a la postre maestro de Freud, observó que algunos de sus pacientes sufrían de un mal hasta entonces tomado como un mero fingimiento o, en el peor de los casos como un misterio. En efecto, la llamada histeria de conversión adquirió entonces el carácter de enfermedad y con ello surgió la categoría de enfermedad mental que dio origen a la moderna psiquiatría y al psicoanálisis.
Hay quienes afirman (el lector podría consultar para el caso a: Thomas S. Szasz. El mito de la enfermedad mental. Amorrortu Editores) que las llamadas enfermedades mentales no son tales; que en realidad lo que existe es una disfunción en la comunicación.
De acuerdo con esta interesante teoría, los enfermos mentales son en realidad seres humanos que sufren una profunda inconformidad con su rol y las circunstancias de su existencia y optan, a veces sin plena consciencia, por parecer “enfermos” y expresan su inconformidad con los síntomas propios de lo que se llama enfermedad mental. Esos síntomas son entonces, y bajo esas circunstancias, un lenguaje peculiar que busca interlocución. Así, el papel, no del médico, sino del psico-sociólogo sería el de interpretar el significado de ese lenguaje para poder interactuar con el sujeto y regresarlo a su anterior funcionalidad o bien a una disfuncionalidad conciente.
Autores como Szasz, Huizinga, Becker y otros, afirman que la vida humana es un juego que se vive como drama. Al jugar todos el rol que nos corresponde, constituimos la cotidiana normalidad que nos caracteriza. Cuando alguien, en lo más íntimo de su ser no es capaz de rebelarse concientemente contra el rol o el tipo de juego que le fue destinado, se rehúsa asumiendo la atipicidad de la neurosis o de otro tipo de locura.
Observo en la vida nacional algo semejante a esos juegos de locura y no hablo de los 25 millones de mexicanos con algún tipo de padecimiento mental, sino de Andrés Manuel López Obrador quien rechaza, no sólo a las instituciones republicanas, sino también al juego dramático de la vida normal, para asumir roles imaginarios, (“Presidente legítimo”) construyendo un juego esquizoide al que lo acompañan no pocos compatriotas que imaginan salvar a la patria y otras demencias .
A diferencia de un rebelde que asume su inconformidad de manera conciente, sin asumir papeles ficticios y efectuar rituales fantasiosos, a Andrés Manuel López Obrador parece fascinarle la parafernalia esquizoide.
Hace unos días publiqué un artículo que hacía referencia al secuestro del congreso; en él me refería a Andrés Manuel como orate. Una buen amigo mío me observó lo desmesurado del tono, le contesté que no traté de ofender, que intenté una especie de diagnóstico heterodoxo frente a un fenómeno inusual; hago lo mismo hoy con mi amable lector: no intento diagnosticar la locura de nadie, ni mucho menos hacer psicoanálisis light. Me consterna lo que observo y al no encontrar racionalidad alguna, me pareció conveniente ensayar otros enfoques para satisfacer mi muy particular curiosidad.
En Oaxaca observo cosas similares, juegos de locura. Un periodista oaxaqueño de gran valer dijo: para vivir en Oaxaca hay que estar, borracho, drogado o loco. Le doy la razón. Todas las reglas del juego normal de la vida en sociedad son rechazadas por un grupo de personas que juegan su propio juego. Las leyes incluso, vistas como un subsistema de normas del gran juego de la vida, no son respetadas. Un compadre cubano me dijo con su graciosa manera de hablar: chico, en Oaxaca no se respeta ni la ley de la gravedad.
Invito al lector a que dedique un poco de su tiempo a analizar todo aquello que en Oaxaca está fuera de lo que pudiera considerarse “normal” y verá el juego perverso al que algunos esquizoides nos quieren someter. No es un llamado a la rebelión el que hacen, pues son parte indisoluble de lo que dicen odiar, ¿se odian a ellos mismos o aman a su enemigo? No lo sé; pero cuando en esa aparente doble personalidad los veo en el gobierno, tampoco llaman a respetar el orden, las leyes o a las más elementales normas de convivencia; por el contrario, llaman a la simulación, al arreglo ilegal, al negocio con ventaja, al tráfico de influencias, a todo, menos a respetar lo que desde su posición sería de esperar: la ley.
Bajo el influjo de estas psicóticas consideraciones, me imaginé sentado viendo esta tragicomedia que hoy vive nuestro país, cada lunático con su juego con el que parecen divertirse mucho; sólo que en esta olimpiada de locura, las víctimas, como siempre, son los más vulnerables, a quienes no les queda más que jugar con su desgracia y es entonces que se me quitan las ganas de aplaudir.
Pero si el lector quiere dejar de ver, al menos por un rato, todo esto que está pasando, lo invito a leer una novela extraordinaria: El mago (editorial Anagrama). En ella J. Fowles, su autor, narra la historia de Nicolás Urfe, un joven profesor de inglés egresado de Oxford, quien se va a una isla griega a impartir sus conocimientos. En ella conoce a Mr. Conchis, personaje extraño y misterioso que poco a poco lo va a sumergir en un juego apasionante que llega a parecerse tanto a la realidad, que ni los personajes ¡ni el lector! pueden ya diferenciar.
Le aseguro que va a disfrutar esa obra, tendrá además la tranquilidad de que la locura que eventualmente pueda vivir con su lectura elevará su espíritu, en lugar de envilecerlo con esta realidad de orates.
viernes, 11 de abril de 2008
DÍ NO A LA PROVOCACIÓN
Las hordas del orate de Macuspana tomaron la cámara de senadores y la de diputados el día de ayer. Este crimen contra la democracia en México, que toma como pretexto la defensa del petróleo deja algunas cosas claras:
1. El atentado lopezobradorista es una acción desesperada, muestra la falta de propuesta de este grupo sobre el tema de la reforma petrolera y su incapacidad para promover alianzas. Esto significa debilidad política y también que el único recurso que tiene Andrés Manuel López Obrador es el de la provocación.
2. El motivo principal del atentado es personal; tiene que ver con el profundo resentimiento de AMLO y su odio contra Felipe Calderón que se extiende hacia todo aquel que no acepte su deseo de ser presidente de la república. El objetivo del crimen es evitar a cualquier costo que sea debatida la propuesta de reforma calderonista. Como no tienen elementos para justificar una acción derivada de una motivación personal, las hordas del orate argumentan como los imbéciles: “hacemos esto porque el PAN, EL PRI y sus aliados, harán esto otro”. Es decir actúan adivinando un futuro que por su acción, ahora se torna improbable; pero que afirman posible. Es como el que sueña que su mujer lo engaña, porque diga ella lo que diga, siempre será posible; pero después de la golpiza que la dejó inválida, es en el presente poco probable. Llamo a esto, el análisis mesiánico concreto del futuro improbable.
3. El análisis mesiánico se vincula con una táctica de acción: organizar con una minoría política un golpe a las instituciones democráticas, o a cualquier iniciativa de gobierno y combinarla con una acción en las calles para dar la impresión de una supuesta acción popular. La estrategia a la que responde esta táctica es la de cumplir los deseos de Andrés Manuel López Obrador.
4. La puesta en práctica de esta paranoia política tiene un rasgo racional: se espera de ella anular cualquier acción de gobierno u obstaculizar la operación de las instituciones republicanas o en su defecto, dar lugar a una acción desesperada de las fuerzas democráticas que justifique después sus reclamos.
5. Los aliados del lopezobradorismo son una amalgama de grupos disímbolos: resentidos políticos del viejo régimen priísta que quieren encaramarse en el poder, para hacer lo mismo que hoy critican que harán sus contrarios; grupos radicales de una izquierda dogmática y esquizofrénica que hace a un lado sus principios con tal de que el provocador oficial le abra paso a la acción armada; por eso Andrés Manuel reza siempre su lema de no a la violencia, reivindicando el viejo dicho popular que dice: “Loco pero no pendejo”. ¿Hasta cuándo soportarán los grupos radicales ese dedo en su boca? Por último están los sin esperanza, esa masa amorfa de intelectuales, artistas, delincuentes y lumpens que constituyen la “base social” del realismo mesiánico.
6. Con lo anterior se cierra el círculo: el Orate desea, sus aliados practican el análisis mesiánico que convierte sus deseos en consignas y acciones políticas y las “bases sociales” inician la revuelta en las calles. Todo ello bajo esta lógica, si contaran con el apoyo del ejército, significaría un golpe de estado y la instauración de una dictadura.
7. El PRD, destrozado por sus pugnas internas y su incapacidad para conducir procesos democráticos, con una dirección formal secuestrada por Andrés Manuel López Obrador, ha muerto. Lo que veremos a partir de ahora será su cuerpo atado a un asta y movido por las tumultuarias manos de una turba que no podremos identificar.
Las fuerzas democráticas, entre ellas la izquierda mexicana, deben actuar con prudencia sin dejar de denunciar este atentado contra la democracia y las pretensiones del grupo de Andrés Manuel López Obrador.
Deben acordar una amplia consulta a la ciudadanía que abra el debate sobre el futuro de PEMEX y el destino de sus recursos. La decisión debe ser democrática pero también pragmática. El pueblo no puede esperar indefinidamente. Ante la trampa del realismo mesiánico de prolongar indefinidamente la discusión, deberán anteponer la urgencia de resultados.
Una acción violenta o autoritaria contra el orate y sus hordas, sólo contribuiría al logro de sus fines; pero abandonar la tarea de discutir la reforma de PEMEX y aplicarla, haría realidad sus deseos.
A Andrés Manuel López Obrador no le interesa México, ni siquiera le importa la suerte de sus eventuales aliados, sólo le preocupa la satisfacción de su ambición de poder. Además de el necesario análisis político, urge un estudio psiquiátrico que, en una acción humanitaria, nos permita devolverle la cordura a quienes hoy todavía siguen al loco de Macuspana.
1. El atentado lopezobradorista es una acción desesperada, muestra la falta de propuesta de este grupo sobre el tema de la reforma petrolera y su incapacidad para promover alianzas. Esto significa debilidad política y también que el único recurso que tiene Andrés Manuel López Obrador es el de la provocación.
2. El motivo principal del atentado es personal; tiene que ver con el profundo resentimiento de AMLO y su odio contra Felipe Calderón que se extiende hacia todo aquel que no acepte su deseo de ser presidente de la república. El objetivo del crimen es evitar a cualquier costo que sea debatida la propuesta de reforma calderonista. Como no tienen elementos para justificar una acción derivada de una motivación personal, las hordas del orate argumentan como los imbéciles: “hacemos esto porque el PAN, EL PRI y sus aliados, harán esto otro”. Es decir actúan adivinando un futuro que por su acción, ahora se torna improbable; pero que afirman posible. Es como el que sueña que su mujer lo engaña, porque diga ella lo que diga, siempre será posible; pero después de la golpiza que la dejó inválida, es en el presente poco probable. Llamo a esto, el análisis mesiánico concreto del futuro improbable.
3. El análisis mesiánico se vincula con una táctica de acción: organizar con una minoría política un golpe a las instituciones democráticas, o a cualquier iniciativa de gobierno y combinarla con una acción en las calles para dar la impresión de una supuesta acción popular. La estrategia a la que responde esta táctica es la de cumplir los deseos de Andrés Manuel López Obrador.
4. La puesta en práctica de esta paranoia política tiene un rasgo racional: se espera de ella anular cualquier acción de gobierno u obstaculizar la operación de las instituciones republicanas o en su defecto, dar lugar a una acción desesperada de las fuerzas democráticas que justifique después sus reclamos.
5. Los aliados del lopezobradorismo son una amalgama de grupos disímbolos: resentidos políticos del viejo régimen priísta que quieren encaramarse en el poder, para hacer lo mismo que hoy critican que harán sus contrarios; grupos radicales de una izquierda dogmática y esquizofrénica que hace a un lado sus principios con tal de que el provocador oficial le abra paso a la acción armada; por eso Andrés Manuel reza siempre su lema de no a la violencia, reivindicando el viejo dicho popular que dice: “Loco pero no pendejo”. ¿Hasta cuándo soportarán los grupos radicales ese dedo en su boca? Por último están los sin esperanza, esa masa amorfa de intelectuales, artistas, delincuentes y lumpens que constituyen la “base social” del realismo mesiánico.
6. Con lo anterior se cierra el círculo: el Orate desea, sus aliados practican el análisis mesiánico que convierte sus deseos en consignas y acciones políticas y las “bases sociales” inician la revuelta en las calles. Todo ello bajo esta lógica, si contaran con el apoyo del ejército, significaría un golpe de estado y la instauración de una dictadura.
7. El PRD, destrozado por sus pugnas internas y su incapacidad para conducir procesos democráticos, con una dirección formal secuestrada por Andrés Manuel López Obrador, ha muerto. Lo que veremos a partir de ahora será su cuerpo atado a un asta y movido por las tumultuarias manos de una turba que no podremos identificar.
Las fuerzas democráticas, entre ellas la izquierda mexicana, deben actuar con prudencia sin dejar de denunciar este atentado contra la democracia y las pretensiones del grupo de Andrés Manuel López Obrador.
Deben acordar una amplia consulta a la ciudadanía que abra el debate sobre el futuro de PEMEX y el destino de sus recursos. La decisión debe ser democrática pero también pragmática. El pueblo no puede esperar indefinidamente. Ante la trampa del realismo mesiánico de prolongar indefinidamente la discusión, deberán anteponer la urgencia de resultados.
Una acción violenta o autoritaria contra el orate y sus hordas, sólo contribuiría al logro de sus fines; pero abandonar la tarea de discutir la reforma de PEMEX y aplicarla, haría realidad sus deseos.
A Andrés Manuel López Obrador no le interesa México, ni siquiera le importa la suerte de sus eventuales aliados, sólo le preocupa la satisfacción de su ambición de poder. Además de el necesario análisis político, urge un estudio psiquiátrico que, en una acción humanitaria, nos permita devolverle la cordura a quienes hoy todavía siguen al loco de Macuspana.
jueves, 10 de abril de 2008
EL CASO PEMEX
Queridos lectores, el siguiente texto lo publiqué el 2 de abril de 2008, antes de que Felipe Calderón enviara sus iniciativas de reforma al senado. Espero sus comentarios y en breve publicaré más sobre el tema.
Continúa el debate sin foro sobre lo que se debe hacer con PEMEX. El presidente Calderón presentó su diagnóstico y no sus propuestas para resolver el problema. El PRI no parece dispuesto a que las cosas cambien y el PRD vive prisionero de las locuras de Andrés Manuel López Obrador y de la corrupción política en su interior.
Coincido con Carlos Ramírez ( A Diario, 1º de abril) en que el problema de PEMEX no es sólo de recursos y tecnología, tiene que ver con otras cosas. Veamos:
En primer lugar debe ciudadanizarse la administración de la empresa paraestatal. Lo anterior significa que su consejo de administración debe estar integrados por mexicanos que representen a la sociedad civil y no al gobierno, un poco al estilo del IFE ( el histórico, desde luego). Si esto sucediera, dicho consejo podría designar al administrador de modo que éste presentara sus propuestas, metas para el año y su plan a mediano plazo para enderezar la situación. Aquí el asunto es que PEMEX funcione como una empresa de alto rendimiento. Si el consejo autoriza el plan y éste es ratificado por el congreso, se operaría bajo el mando del director de PEMEX y la supervisión del organismo ciudadano y desde luego, también del congreso.
Además de la ciudadanización de la administración, la cámara de diputados debería aprobar la operación de un programa de apoyo a las familias en situación de pobreza extrema para que recibieran un bono mensual de las utilidades de la venta de petróleo por cierto tiempo. Una parte del capital de PEMEX podría venir de la venta de acciones a la ciudadanía y con ello los mexicanos con ciertos recursos podrían recibir los beneficios de una empresa nacional, o hasta constituir una modalidad muy rentable de ahorro.
PEMEX pagaría sus impuestos, pero sus ingresos no irían a parar al erario público; sino una parte a la bolsa de los ciudadanos mexicanos en moneda constante y sonante, y el resto se aplicaría para reinvertirlo y así mejorar y elevar la productividad de la empresa. El sindicato petrolero sería entonces una organización al servicio de los ciudadanos y no al servicio del estado.
Para mí estos son los problemas que hay que resolver; si una vez hecho esto, PEMEX ciudadanizado se asocia, subcontrata o comparte utilidades con otras empresas públicas o privadas es lo de menos, lo importante es que le dé beneficios a la ciudadanía en dos sentidos: utilidades e inversión estratégica para la seguridad nacional, no para gasto corriente de la burocracia estatal.
¿Y el gobierno? Recibiría los impuestos o hasta empréstitos de PEMEX que estaría obligado a pagar de algún modo, que entre otros podría ser la reducción de los mismos impuestos.
Desde luego esta propuesta no le gustará al sindicato de PEMEX, ni al PAN, ni a Andrés Manuel López Obrador; pero no importa, lo importante es que le guste a la ciudadanía, porque PEMEX es o debiera ser de todos. ¿ O necesitamos para esto la mediación del Estado? Yo creo que no; su regulación, sin duda.
Continúa el debate sin foro sobre lo que se debe hacer con PEMEX. El presidente Calderón presentó su diagnóstico y no sus propuestas para resolver el problema. El PRI no parece dispuesto a que las cosas cambien y el PRD vive prisionero de las locuras de Andrés Manuel López Obrador y de la corrupción política en su interior.
Coincido con Carlos Ramírez ( A Diario, 1º de abril) en que el problema de PEMEX no es sólo de recursos y tecnología, tiene que ver con otras cosas. Veamos:
En primer lugar debe ciudadanizarse la administración de la empresa paraestatal. Lo anterior significa que su consejo de administración debe estar integrados por mexicanos que representen a la sociedad civil y no al gobierno, un poco al estilo del IFE ( el histórico, desde luego). Si esto sucediera, dicho consejo podría designar al administrador de modo que éste presentara sus propuestas, metas para el año y su plan a mediano plazo para enderezar la situación. Aquí el asunto es que PEMEX funcione como una empresa de alto rendimiento. Si el consejo autoriza el plan y éste es ratificado por el congreso, se operaría bajo el mando del director de PEMEX y la supervisión del organismo ciudadano y desde luego, también del congreso.
Además de la ciudadanización de la administración, la cámara de diputados debería aprobar la operación de un programa de apoyo a las familias en situación de pobreza extrema para que recibieran un bono mensual de las utilidades de la venta de petróleo por cierto tiempo. Una parte del capital de PEMEX podría venir de la venta de acciones a la ciudadanía y con ello los mexicanos con ciertos recursos podrían recibir los beneficios de una empresa nacional, o hasta constituir una modalidad muy rentable de ahorro.
PEMEX pagaría sus impuestos, pero sus ingresos no irían a parar al erario público; sino una parte a la bolsa de los ciudadanos mexicanos en moneda constante y sonante, y el resto se aplicaría para reinvertirlo y así mejorar y elevar la productividad de la empresa. El sindicato petrolero sería entonces una organización al servicio de los ciudadanos y no al servicio del estado.
Para mí estos son los problemas que hay que resolver; si una vez hecho esto, PEMEX ciudadanizado se asocia, subcontrata o comparte utilidades con otras empresas públicas o privadas es lo de menos, lo importante es que le dé beneficios a la ciudadanía en dos sentidos: utilidades e inversión estratégica para la seguridad nacional, no para gasto corriente de la burocracia estatal.
¿Y el gobierno? Recibiría los impuestos o hasta empréstitos de PEMEX que estaría obligado a pagar de algún modo, que entre otros podría ser la reducción de los mismos impuestos.
Desde luego esta propuesta no le gustará al sindicato de PEMEX, ni al PAN, ni a Andrés Manuel López Obrador; pero no importa, lo importante es que le guste a la ciudadanía, porque PEMEX es o debiera ser de todos. ¿ O necesitamos para esto la mediación del Estado? Yo creo que no; su regulación, sin duda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)